Bach y el coral luterano

Partitura del coral BWV 140-7 "Gloria sei dir gesungen", en arreglo y edición de 1881

Algunos de mis lectores han demostrado –entre bromas y veras, unos en comentarios públicos y otros en privado- desconocer cómo se constituye el calendario de festividades de la cristiandad. Es un desconocimiento bastante común incluso entre los más fervientes practicantes de la religión, por lo que es tanto más comprensible entre los que directamente no son creyentes o practicantes. Aunque sólo sea a efectos de comprender la lógica de los ciclos de cantatas de Bach y la inexistencia de alguna de ellas en un determinado año o conjunto de años, conviene saber que dicho calendario se forma a partir de la Pascua, es decir, el Domingo de Resurrección, que siempre ha de caer en la primera luna llena de primavera, esto es, la primera después del 21 de marzo. Ello deviene en la variabilidad del número de domingos disponibles antes y después de dicha fecha en cada año. En 2011, por ejemplo, la semana santa viene muy tarde (hasta el punto de que en Sevilla la feria de abril se celebrará en mayo, ¡y el Rocío casi en verano, qué de polvo en el camino..!) por lo que se ha alcanzado el máximo posible de seis domingos “después de Epifanía” (el periodo previo a la sexagésima luterana, es decir, los sesenta días previos a la Pascua), lo que tendrá como consecuencia un acortamiento equivalente del número de domingos “después de la Trinidad”, periodo previo al Adviento (previo, a su vez, a la Navidad).

No obstante ello y para que no me critiquen, voy a dedicar este domingo sexto después de Epifanía, de inexistente cantata de Juan Sebastian Bach, a comentar un poco acerca de a qué llamamos “coral” cuando nos introducimos en el mundo del maestro Bach, pues la cantata no puede entenderse sin su coral correspondiente, habitualmente -aunque no siempre- cerrando su interpretación.

Una de las innovaciones que la reforma de Martín Lutero (1483-1546) introdujo en la liturgia cristiana fue la inclusión de cantos con melodías más actualizadas que las monodias gregorianas, las antífonas y los aleluyas bizantinos -únicas músicas que solían escucharse en los templos cristianos-. Además, los pioneros de la Reforma querían que esas melodías fueran cantadas por los fieles, por lo que habían de ser sencillas, memorizables y en lengua alemana. Así nació el llamado “coral luterano”. Sus letras fueron en unas ocasiones recuperadas de la tradición germánica del poema místico y en otras escritas por los primeros líderes de la Reforma, Lutero incluido. El propio Lutero es también autor de algunas de sus melodías. Una de las cosas que más me admira de la liturgia luterana es que muchos de esos cantos han atravesado los siglos y llegado hasta nosotros casi sin alteración. Cada vez que pienso que esos libritos que podemos ver los domingos sobre las bancadas si nos asomamos a las iglesias luteranas, contienen (y son cantados en la congregación) los mismos corales que en su día cantó la familia Bach o incluso dos siglos antes Melanchthon, Erasmo o el propio Lutero, se me pone la carne de gallina.

Es, pues, un error bastante común considerar que Bach componía los corales, pues en su mayor parte llegaron a él ya compuestos, tanto letra como melodía. La tarea magistral que él realizó, y cuyo resultado nos legó, fue en unos casos su armonización y adaptación al conjunto de la cantata (se produce así un “coral”, no confundir con el “coro”, que es un desarrollo musical complejo) o su desarrollo temático musical (el caso de algunos “coros”, otros son enteramente originales del maestro).

Para ilustrar lo expuesto he elegido algunos pasajes de la cantata BWV 140 “Wachet auf, ruft uns der Stimme” (“Despertad, la voz nos llama”), la única que Johann Sebastian Bach escribió específicamente para el domingo 27º después de la Trinidad. En 2011 no existe tal domingo, el último fue en el pasado 2008 y no habrá otro hasta 2012. La cantata se basa en un coral del mismo título publicado en 1599 por Philip Nicolai (1556-1608) compuesto sobre un poema de su propia autoría. La melodía principal del himno aparece a lo largo del desarrollo de esta cantata 140 confiada a diferentes cuerdas y con diferentes acompañamientos, algo que a mí me parece muy didáctico.

El tratamiento más sencillo melódicamente corresponde al número 4, en el que los tenores cantan al unísono el verso de Nicolai “Zion hört die Wächter singen” (“Sion escucha el canto del centinela”). Este unísono mueve a la mayoría de los directores a incluirlo para tenor solista, pero la versión que traigo aquí de Ton Koopman y el conjunto Amsterdam Baroque Orchestra and Choir preserva el número para toda la cuerda de tenores, lo que evoca una cierta atmósfera de canto gregoriano muy de la época de Nicolai. Obviamente lo más famoso de esta página de Bach es el precioso “pasacalles” orquestal que envuelve el himno, una de las ocurrencias más felices, paradigmáticas e innovadoras de toda la obra de Bach.

El coral número 7 con el que finaliza la cantata vuelve a ser el mismo que escribió Nicolai, esta vez con el verso “Gloria sei dir gesungen”. Esta armonización para cuatro voces es el tratamiento habitual del coral luterano que encontramos en la mayor parte de la obra de Bach (cantatas, pasiones, oratorios,…)

Y no me resisto a incluir el número 1 de esta cantata 140, ejemplo de desarrollo formidable  a partir de un sencillo coral en el que, sin embargo, podemos escuchar nítidamente, confiada a las sopranos en forma de “cantus firmus“, la misma melodía de Nicolai que hemos escuchado en los dos ejemplos anteriores, esta vez diciendo el verso “Wachet auf, ruft uns der Stimme” que da nombre a la cantata. La BWV 140 a mí me sirvió en su día para intentar comprender la importante función del coral luterano en la obra de Bach; espero que del mismo modo haya, al menos, despertado la curiosidad de los visitantes de mi blog.

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4 respuestas a Bach y el coral luterano

  1. Arnau dijo:

    “Algunos de mis lectores han demostrado –entre bromas y veras, unos en comentarios públicos y otros en privado- desconocer cómo se constituye el calendario de festividades de la cristiandad”.

    ¿Soy yo, maestro? :)

    Tienes que entenderlo, Antonio, ya no sería lo mismo un domingo por la mañana sin los vericuetos de Bach.

    Precioso, aclaratorio y explicativo post.

  2. Je,je, Arnau: aquí tienes por toda respuesta cómo se hace esa misma pregunta en La Pasión según San Mateo “Herr, bin Ich’s?” (¿Acaso soy yo, Señor?), a lo que los dos coros (la pregunta la formulaba solo el coro 1) responden con la armonización “made in J.S. Bach” del coral “Ich bin’s, Ich solte büssen”, música tomada de la canción “Innsbruck, Ich muss dich Lassen” (“Innsbruck, he de abandonarte” de Heinrich Isaak (c1445 – 1517) convertida en en coral luterano en 1647 por Paul Gerhardt (16o7-1676) con el título “Oh Welt, ich muss dich lassen” (“Oh mundo, he de dejarte”), del que Bach toma el tercer verso (“Ich bin’s…”). Me ha venido bien tu comentario para proponer otro ejemplo de génesis de un coral “bachiano”. Gracias por ello.

  3. Adrian Vogel dijo:

    Tengo que digerir tanta suculenta información.

    • Tranquilo, Adrián, hasta el domingo no hay nueva cantata :-)
      Por cierto, ¿has visto qué manera tenían de respetar las autorías de cada cosa y de mencionar de dónde habian obtenido cada material? Algunos hoy deberían aprender de ello. Claro que quizá entonces no habia tanta pasta de por medio…

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