El tiempo de la “sobraduría”

No recuerdo cuál fue el momento exacto en que sucedió esta transformación social en nuestro país, pero para mis adentros lo tengo relacionado con el nombramiento de Mario Conde como doctor honoris causa por la Universidad Complutense. Yo por entonces formaba parte del coro complutense, así es que ahí estaba Perea, con un par, cantándole el Gaudeamus Igitur y el Veni Creator al gran investigador universitario que había descubierto cómo se convierte un paquete de acciones de Montedison de moderado tamaño en el paquete de control del entonces primer banco de España. Pero lo más importante es que el doctorando había abierto la puerta a un nuevo estilo de triunfar. Al diablo la discreción y la humildad, eso lo dejaba para su compañero de singladura Juan Abelló, aferrado todavía al viejo estilo, quien huyó espantado de la embarcación poco después. Y es que, de qué sirve ser el hombre más rico de España si nadie se entera, si no demuestras cada día y cada hora que eres el “nambergüán”. Hay que dejar claro a los demás que por mucho que lo intenten nunca van a igualar tus logros. Y sobre todo, arrumbar como una lacra del pasado la cultura del estudio y el esfuerzo para alcanzar el éxito. En resumen: se impone ir sobrados por la vida. No más “sabiduría”: llega el tiempo de la “sobraduría”.

El mensaje caló en la juventud de la época, como vamos a ver a continuación. El actual “gran sobrado” de España, adolescente por aquel entonces, es el exfutbolista y hoy entrenador Josep Guardiola. Él lleva a cuestas su particular “montedison” al ser, según he leído, el jugador más “tarjeteado” de cuantos han pasado por su club, y también al parecer el más veces expulsado de un terreno de juego. Como no hay “montedison” sin Italia, este hombre pasó  por el fútbol italiano en su ocaso deportivo, y su aventura allí terminó bruscamente a causa de un escándalo de dopaje. Al coincidir éste con el final de su carrera como futbolista, el sujeto nunca ha logrado librarse de las sospechas de carpetazo que planearon sobre el muy tardío archivo de su caso. Pero lejos de cortarse, él ha reconducido estas circunstancias baladíes para autoconvertirse por arte de birlibirloque en el “culé patrón” (de platino iridiado, que se conserva en la oficina de pesas y medidas de París). Hace un par de temporadas, Guardiola  ganó seis copas con su equipo, el cual, en una hazaña singular, metió ese mismo número de goles al Real Madrid en el Bernabéu, algo celebrado como una copa adicional en Barcelona. A partir de entonces ha recorrido las ruedas de prensa de toda Europa perdonando la vida a sus rivales y a los directivos que le pagan, y dando lecciones a la prensa de cómo debe ésta hacer su trabajo informativo para no molestarle, algo que le preocupa sobremanera. El último acto de esta farsa tuvo lugar anoche con motivo de la victoria en el Calderón del FC Barcelona que él dirige sobre el Atlético de Madrid, algo que no sucedía desde hace muchos años.

Pues bien: una importante entidad financiera con sede social en Cataluña contrató el pasado junio los servicios del que fuera futbolista imputado de dopaje para que sea su imagen pública, y las consecuencias de tal contrato están empezando a hacerse efectivas ahora. Así, las sucursales del pujante banco catalán están empapeladas –al menos en la Comunidad de Madrid, donde yo vivo- de carteles con su rostro, y las televisiones comienzan a difundir spots publicitarios en los que el exfutbolista promociona los productos financieros de aquélla, ofreciendo su propia ejecutoria deportiva como garantía de éxito y rentabilidad. Esto ilustra tres cosas: la primera, la querencia que tiene la banca hacia el triunfo “sobradurista”, al parecer con Conde no les fue suficiente; la segunda, lo poco que le importa a la entidad su propia parroquia madrileña, mayoritariamente madridista o atlética, por lo que cabe suponer sea también mayoritariamente antibarcelonista; la tercera ilustración es consustancial a la “sobraduría” y consiste en lo olvidadiza que se vuelve con el pasado para aquello que no le interesa al sobrado o a su entorno.

Estoy pensando en pasarme por alguna sucursal de ese banco y, en justo castigo, hacerles objeto de una venganza terrible: abrirme una cuenta y obligarles a soportar durante la duración de su contrato de imagen mis saldos acreedores  y mis tarjetas de crédito achicharradas. Y si en algún momento les causa molestia, que le digan a Guardiola que cubra el descubierto, ya que no en vano su “sobraduría” le ha proporcionado una cuantiosa fortuna personal. Igual que a Mario Conde, por cierto.

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2 respuestas a El tiempo de la “sobraduría”

  1. Adrian Vogel dijo:

    ” una venganza terrible: abrirme una cuenta y obligarles a soportar durante la duración de su contrato de imagen mis saldos acreedores y mis tarjetas de crédito achicharradas. ”

    No te lo aconsejo. Te costará dinero y te achicharrarán a comisiones. Lo cual además les beneficia.

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