Cuarto domingo después de Epifanía

"Jesús aplacando la tormenta" Grabado de Gustavo Doré

De las cantatas que Bach compuso con destino a la liturgia del cuarto domingo después de Epifanía se conservan dos, pertenecientes ambas al ciclo de Leipzig: la tardía BWV 14 “Wär Gott nicht mit uns diese Zeit” (“Si no estuviera Dios con nosotros en estos días”, Leipzig 1735) y la casi temprana BWV 81 “Jesus schläft, was soll ich hoffen?” (“Jesús duerme, ¿qué esperanza puedo tener?”, Leipzig 1724). El texto del evangelio evoca la imagen de la barca en la tormenta con todos los discípulos aterrorizados mientras Jesús dormita acurrucado en un rincón ajeno al problema, segundos antes de que, al despertar, produzca el milagro del apaciguamiento de las aguas. No voy a entrar en el análisis teológico del asunto –que tanto gusta a los seguidores de monseñor Lefevbre-, pero, en lo humano, siempre me ha resultado curioso imaginar cuál sería el sentimiento que despertaría tal evocación en alguien que, como Bach, no salió jamás de un círculo de unos pocos kilómetros cuadrados en el centro de Alemania desde Eisenach a Leipzig, en los que no hay ni mar ni ningún lago medianamente grande como para que se puedan formar tales olas. Por eso resulta simpática la evocación de la tormenta que encontramos en el aria para tenor que constituye el número 3 de la cantata 81, que os reproduzco a continuación. Me sirve, además, para que conozcáis la labor de la “Bach Stiftung” o Fundación Bach, una entidad con sede en la ciudad suiza de St. Gallen que con el impulso del musicólogo  Rudolf Lutz (a quien vemos en el vídeo dirigir el conjunto) se propuso desde 2006 interpretar las 200 cantatas de Juan Sebastian Bach a razón de unas diez por año, lo que llevará el proyecto hasta 2026 aproximadamente (si los del Pacto de Toledo me dejan jubilarme a los 65, a lo mejor me voy unos pocos años a vivir a St Gallen para no perderme las últimas). Si se piensa que Bach, como comentaba la semana pasada, preparaba una cantata cada semana, se puede calibrar lo gigantesco del trabajo que desarrolló.

Llamo vuestra atención, sobre lo reducido del conjunto instrumental (dos violines, viola y continuo, es decir, seis personas incluyendo a Rudolf Lutz), sobre ese efecto de pequeña tempestad que se oye en los instrumentos –el aria se titula “Die schäumenden Wellen von Belials Bächen”, “las olas espumosas de los torrentes de Baal”- y sobre la excelente interpretación del extraordinario tenor austriaco Bernhard Berchtold.

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10 respuestas a Cuarto domingo después de Epifanía

  1. Arnau dijo:

    Después de una noche confusa, esta mañana me he levantado tarde. Me he arramblado un donut, y a punto de zampármelo, escucho la cantata. Casi que me espero para comer; hoy vamos a casa de mi madre.

    PD: Joder con maese Rudolf; le da mil vueltas a Nacho Cano (anatema).

  2. Adrian Vogel dijo:

    Muchas gracias por el apunte sobre lo reducido del conjunto instrumental (suenan como un tiro además).

  3. Anatema es, más que comparar a Lutz con Nacho Cano, hablar de un donut en la misma frase que la comida en casa de tu madre; si se entera te dará una buena colleja 🙂
    Por lo demás, es cierto que ese fragmento corta la respiración. Y esa dinámica tan precisa y empastada seguro que lleva un trabajo de ensayo muy importante. La línea melódica del tenor yo creo que está fuera del alcance de los cantantes pop al uso, troupe de Nacho Cano incluida; pero probablemente muchos de los tenores operísticos que a todo el mundo se nos vienen a la memoria tampoco fueran capaces de conducir sus vozarrones por las delicadas articulaciones y agilidades dibujadas por Bach… y no morir en el intento (la muerte aquí es condicionar el ‘tempo’ de la interpretación, hacer que la cuerda haya de ir más despacio de lo que Rudolf Lutz la lee).
    En vida de Bach, el personal que ejecutaba cada cantata dependía de la disponibilidad con la que contaba el maestro cada semana más que de su voluntad con respecto a la obra. En este caso no sólo utiliza poca instrumentación, sino que además prescinde del coro salvo para el relativamente sencillo coral de salida “Unter deinen Schirmen” (“Bajo tu protección” [“estoy a salvo de todas las tormentas”]), que Bach recuperó casi textualmente –no se lo curró mucho, por algo sería- del material del motete BWV 227 “Jesu, meine Freude”, que había compuesto en 1723 recién llegado a Leipzig desde Weimar. Yo, que soy muy osado (carezco de evidencia histórica alguna), atribuyo este repentino prescindir del coro y de la mayoría de los músicos a un posible episodio catarral generalizado entre los niños y los instrumentistas de Santo Tomás que les dejó indispuestos para la liturgia. No olvidemos que estamos en los años finales del Mínimo de Maunder o “Pequeña Edad del Hielo”, periodo durante el que se produjeron los inviernos más crudos registrados en la Europa moderna hasta hoy. Y en Leipzig eso es mucho, pero que mucho frío.
    En efecto, suena como un tiro. La presencia de esos micrófonos indica que se estaba tomando sonido para una retransmisión o grabación. Lo que oímos es probablemente un bruto de la misma. En vivo seguro que sonó mucho más liviano todo. Aún así… ¡quién lo hubiera oído!
    Gracias por comentar.
    (Algún día lograré que mis comentarios sean más cortos que el post correspondiente).

  4. Arnau dijo:

    “(Algún día lograré que mis comentarios sean más cortos que el post correspondiente)”.

    Si son como el último espero que no.

    Delicioso el argumento del posible catarro del coro en la “Pequeña edad de hielo”, por cierto (y si no pregunta por los mamuts).

  5. Adrian Vogel dijo:

    Os recomiendo ver Ice Age (las 3)

  6. Adrian Vogel dijo:

    Jejeje no es tan complicado: iba por lo de la edad de hielo…

    • Arnau dijo:

      Yo he tenido que ver las dos primeras (exigencias de mi hija) y no me he arrepentido. Al contrario, me han encantado.

      Al final, Antonio, tus mensajes ocultos, conspiraciones rocambolescas y demás paranoias varias te van a echar a perder. Y sería sinceramente una lástima 🙂

      O eso o sal del cine, coño, que la película de M. Night Shyamalan ha finalizado ya.

      • Uff, menos mal, no tenía ninguna gana de ver una de dibujos animados (no os digo nada si son tres). Pero si tuviera chavales seguro que también me las tragaría con mucho placer, como vosotros. En efecto, ya estoy “echado a perder” para según qué causas :-).

  7. Pingback: Cantata BWV 14, lo que inspira un oboe da caccia | Sostiene Perea

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