Alberto Contador: la justicia y la música

Un viejo adagio popular que se recuperó e hizo fortuna en España con motivo del juicio del golpe de estado del 23 de febrero de 1981 -30 años no es nada-, afirma que “la justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”. Permítaseme que hoy, con motivo de la exculpación provisional –cabe recurso por parte de las asociaciones internacionales- de nuestro campeón ciclista Alberto Contador me permita parafrasear el mismo adagio y afirmar que “la justicia deportiva es a la justicia lo que los himnos deportivos son a la música”. (Y aquí excluyo el himno de la Champions League, que como es sabido es una transcripción casi literal de “Zadok the Priest”, uno de los cuatro “Himnos de Coronación” de G.F. Händel).

La administración de la justicia común en los países avanzados va de la mano de la ciencia. Desde los antiguos prejuicios bio-anatómicos aplicados por la justicia hasta el primer tercio del siglo XX de la mano de entonces prestigiosos criminalistas, la ciencia jurídica ha sabido evolucionar sus postulados hasta las actuales resoluciones judiciales basadas en patrones biométricos inalterables o en el análisis del adn, no por tan caricaturizados en las series televisivas menos espectaculares y precisos. Ayuda también no poco el hecho de que en la justicia ordinaria existe ese avance sustancial en el progreso humano que se denomina “habeas corpus” y con él la presunción de inocencia, concepto imprescindible para todo imperio de la ley que se pretenda respetable como tal.

El caso es que es impensable que de haber estado en manos de la justicia ordinaria, Alberto Contador hubiera atravesado el calvario a que le han sometido los exdeportistas y leguleyos que detentan el poder en las organizaciones internacionales rectoras del deporte en general y del ciclismo en particular. Y por no extenderme me centro para tal afirmación en un aspecto entre las decenas de ellos en que podría basarme a la luz de principios jurídicos elementales que no hace falta ser jurista para comprender, principios relacionados con la precisión de las normas, los límites de la interpretación de quien juzga y en términos generales, la seguridad jurídica. Porque es cierto que, tal como dice el informe de exculpación, la ínfima cantidad encontrada “no ha podido suponer una mejora en el rendimiento deportivo”. Y es cierto también que en “las muestras de los días anteriores el resultado de los análisis fue negativo”, algo que cabría extender a las decenas de análisis realizados al ciclista a lo largo de la temporada; y también es demostrable que “en el pasaporte biológico del corredor no ha sido hallado ningún indicio de transfusiones sanguíneas”.

Pero, insisto, el aspecto que a mí más me llama la atención y que sólo el propio Contador alega públicamente –será que ninguno de los dos somos juristas sino, al menos en mi caso, tan sólo personas aspirantes a disfrutar de la vida en el ámbito de cierto sentido común- es el siguiente: es absolutamente imposible ingerir o incorporar al organismo humano la cantidad de clembuterol correspondiente a un positivo de 50 picogramos por mililitro, el valor que a él se le imputa. De hecho, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) no requiere a sus laboratorios de referencia, por irrelevantes, informe de concentraciones por debajo de 2000 picogramos/ml. Cosa distinta es que la tecnología de análisis hoy por hoy sea capaz de detectarlos, tal como sucedió con los 75 pcg/mll arrojados por el tenista de mesa alemán de origen ucranio Dimitri Ovtcharov en el Abierto de China de 2010, que la AMA no castigó al atribuir tan pequeño valor (una vez y media mayor que el detectado a Contador) “con toda probabilidad a trazas de una contaminación alimentaria”.

Tal como Contador dijo en la rueda de prensa en la que comunicó su rechazo al enjuague que las instituciones ciclistas le proponían de aceptar una sanción mínima y dar carpetazo al asunto -lo que hubiera supuesto más inseguridad jurídica en el deporte-, si uno pudiera espolvorear una cucharadita de clembuterol en una comida, la ingesta produciría un positivo 1.000 veces superior al que a él se le había detectado. Entonces, si es imposible incorporar esa cantidad al organismo, ¿qué pretenden las autoridades deportivas que hizo Contador para arrojar ese ridículo positivo? ¿Qué reflejo tiene la evolución de la ciencia en la evolución deseablemente paralela de las arbitrarias normas de la legislación deportiva? ¿Qué cualificación jurídica y científica se le exige a un ex ciclista para pertenecer a órganos colegiados de cuyas decisiones arbitrarias y politizadas puede depender el futuro de un deportista en activo? ¿Cuándo van a presentar sus disculpas a Contador los federativos y los comunicadores y opinadores en general que le enterraron en vida a las primeras de cambio? ¿Exigirá el ciclista español en los tribunales ordinarios una reparación a las injurias y calumnias proferidas por unos y otros contra su persona? A mí me encantaría que así lo hiciera.

Y, por seguir preguntando: ¿Es imprescindible que los tribunales de la justicia deportiva ignoren el sentido común a la hora de emitir sus resoluciones? Pues debe de serlo, porque en realidad no son tribunales de justicia, sino rentables jubilaciones para exdeportistas que no saben ganarse la vida de otro modo. Y debe de serlo, digo, igual que los himnos de los clubes deportivos han de incluir palmaditas y ritmos machacones en compás de marcha binario, como si se tratase siempre de la misma danza de Los Grisones (con todo mi respeto para ese bello y admirable cantón suizo). Se le puede llamar música, o himno, pero sería más preciso llamarlo folklore.

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2 respuestas a Alberto Contador: la justicia y la música

  1. Arnau dijo:

    ¡Ajaaaaá! te pillé, Antonio. Así que defendiendo a Contador de las calumnias y ensidias, amén de exigir disculpas a los voceros y enterradores.

    Ahora sí que veo que lo tuyo es barcelonitis 🙂 Bueno, nunca dudé de ello, la verdad.

    Por cierto, y ahora hablando en serio, no será que Messi sopló un día por la oreja de Alberto. Para joderle la carrera, vaya.

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