Cantata BWV 105: Hasta otra vez, santos padres

Aspecto de Mammon según el demonólogo francés Collin de Plancy (1793-1887)

9 Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. 10El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. 11Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? 12Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? 13Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero.”  (Lucas, 13; fragmento del evangelio de hoy, domingo noveno de la trinidad, uno de los textos de significado más controvertido y enigmático
de la literatura sagrada cristiana).

[Mientras escribo este post tengo puesta en la tele la retransmisión de la misa papal celebrada en el aeródromo de Cuatro Vientos ¿Y yo que no he escuchado esta lectura? En fin, seguro que sí lo han leído y yo andaba despistado. Lo que no sé es qué estrategia pondrán en juego los santos padres de visita en Madrid para llevar a la práctica tan generosa recomendación. Quedo a la espera de acontecimientos.]

En agosto de 1723, menos de seis meses después de su llegada a Leipzig y atribulado todavía, igual que en estas fechas  muchos de los que siguen mis comentarios, en la acomodación de sus hijos en los prestigiosos centros docentes de la ciudad para el siguiente curso –este deseo de una educación del máximo nivel para sus numerosos hijos parece ser una de las grandes razones que le decidieron a optar al cargo de Cantor en la Thomaskirche renunciando a uno de más alcurnia como era su anterior empleo de Kappellmeister en Köthen- Johann Sebastian Bach ya incluía en su primer ciclo de cantatas en Leipzig joyas como la que he elegido para hoy, escrita para solemnizar la liturgia de este domingo 9º de la Trinidad, la BWV 105 “Herr, gehe nicht ins Gericht mit deinem Knecht” (“Señor, no sometas a juicio a tu siervo”).

Pocas imágenes sonoras podrían describir más acertadamente que su coro inicial el debate interior entre la esperanza y la resignación que a menudo se constituye en eje del luteranismo. De nuevo estructurado en una introducción seguida de una fuga, logra transmitir la angustia de un creyente que desde hacía tan sólo un par corto de siglos carecía ya de la posibilidad de expiar sus pecados en vida  mediante la confesión, sacramento proscrito por Lutero que lo consideraba la suplantación de un juicio cuyas faltas sólo dios podía juzgar y, por tanto, perdonar o condenar. Así, a lo largo de todos los números de la cantata se suceden las figuras en modo menor identificadas como “súplica” en el sofisticado código rector del género “oratorio”. Y así, el uso de cornos y trompetas habitualmente asociado al triunfo o la euforia se transustancia en ilustración del llanto del arrepentido por obra y gracia del genio del maestro.

Me llama mucho la atención el aria de tenor nº 5 que precede al coral conclusivo –la cantata tiene seis números- porque en su texto de autor anónimo se menciona a Mammon (la traducción española habitual como Mamón no me gusta). En nuestra cultura católica y mediterránea tan alejada del imaginario luterano, ese Mammon no corresponde de modo
directo a concepto alguno. Ni siquiera me parece oportuno lo que he visto en la Wiki, cuya entrada al respecto –bizarra traducción al español, por cierto- sugiere que esta imagen debería identificarse con el “becerro de oro”. En suma, Mammon es un demonio cuyo negociado específico es tentar al ser humano con las riquezas, los bienes materiales y la ausencia de compasión hacia los pobres. Resulta comprensible, pues, que sucesivas generaciones de gobernantes pontificios hayan ido poco a poco arrumbando tan incómodo símbolo. Y al final han logrado extirparlo de nuestra iconografía muchos años antes de ser elevados a los altares Mario Conde, Paul Marcinkus, Licio Gelli o Rodrigo Rato.

[Golpea ahora mis meninges auditivas la ramplona musiquilla compuesta ad hoc para la misa del aeródromo, en concreto un auténtico suplicio en forma de Kyrie. ¿Será por esa mención a Mammon que no han querido aprovechar la maravilla sonora de esta cantata, libre de derechos y disponible desde hace casi 300 años?]

El motor musical de la cantata es el coral “Jesu, der du meine Seele”, compuesto en 1641 por el prolífico autor de himnos luteranos Johann Rist (1607-1667), que debía de ser uno de los favoritos de Bach a  juzgar por lo reiteradamente que recurrió a sus composiciones para inspirar las cantatas. El coral conclusivo es, junto con el número inicial, la sola intervención del coro a cuatro voces dentro de la cantata.

[Me encuentro en condiciones de afirmar que este es el papa que peor canta el gregoriano de cuantos he tenido la oportunidad de escuchar. Será la edad quizá.]

He encontrado en la web un bonito vídeo de un género bastante frecuente en youtube, aunque yo nunca lo había traído al blog, que consiste en desplegar la partitura de la obra mientras la misma suena en el audio. Esto nos permitirá el divertido ejercicio de hacer una especie de karaoke y maltratar la partitura cantándola al mismo tiempo que la oímos (peor que al papa Ratzinger no nos va a salir, en todo caso igual). El cibernauta que lo ha subido, que responde al nick “Musicanth” ha incluido la cantata entera y ha elegido, además, la reputada versión de Philippe Herreweghe al frente de la orquesta y el coro del Collegium Vocale de Gante publicada por Virgin Records en 1990. Ejercen como solistas Barbara Schlick (soprano), Gérard Lesne (alto/contratenor), Howard Crook (tenor) y Peter Kooy (bajo).

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4 respuestas a Cantata BWV 105: Hasta otra vez, santos padres

  1. Adrian Vogel dijo:

    Esplendido. Como cada domingo.

  2. Euterpe dijo:

    ¡Por fin! Acabo de regresar del Tirol y ya tengo la crónica del concierto, junto con algunas interesantes fotos. Aquí la incluyo. Gracias.

    • ¡Qué bueno, Rocío, debió de ser formidable, enhorabuena! Acabo de dejarte un comentario, y recomiendo a los visitantes de Sostiene Perea que visiten tu crónica.
      Coincido contigo en que Schütz es un músico fundamental para entender la evolución del oratorio barroco, y es verdad que debería ser mucho más programado. Yo tuve la suerte de cantar en 2005 su “Oratorio de Navidad” y disfruté muchísimo. Me tocó además doblarme para cantar el “rey Melchor”, je je.
      Me ha llamado la atencion en la crónica lo del La 365 en uno de los órganos. El asunto de la afinación es un galimatías que los musicólogos deberían hacerse mirar. Yo hubiera entendido una convención moderna para dejar establecido un La de referencia, o si se quiere dos para preservar de tensiones excesivas determinados instrumentos de época. Pero en la actualidad y después de mil y una comisiones de expertos, al final hemos vuelto a llegar a un lío semejante al que tenían en el siglo XVIII, con una afinación para cada órgano- que al final a lo mejor es lo normal, no lo descarto-. (Bach llegó a documentar -y a tocar- un órgano, ahora mismo no recuerdo cuál, con un La… ¡480 hertzios!) Y en el fondo, yo creo que hoy por hoy a Bach y a Schütz no les hubiera importado tocar con el La 440 si ello les hubiera permitido aprovechar las posibilidades técnicas de los instrumentos actuales. A veces los musicólogos convierten el historicismo en “histericismo”, ja ja ja. (Lo comento aquí para no liarte un guirigay en tu blog).

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