Cantata BWV 101: más allá del límite

“No le ocurre nada a su reproductor. No intente ajustar las rpm. Ahora es Johann Sebastian Bach quien controla la transmisión. Controla la trama horizontal y la vertical. Puede abrumarle con miles de acordes o hacer que una simple nota alcance una claridad cristalina, y aún más que cristalina. Puede hacer que vea cualquier cosa que conciba su imaginación. Durante la próxima interpretación controlará todo lo que usted vea y oiga. Está usted a punto de experimentar el asombro y el misterio que se extiende desde lo más profundo de su mente, hasta más allá del límite.”

Me han dado ganas de parafrasear aquella fórmula inicial de la serie de TV “Más allá del límite” para advertir a los visitantes de mi blog de que no se preocupen cuando pinchen la ilustración musical que va al final de estas líneas, como cada domingo. No le pasa nada a su reproductor. Si éste se tratara de un imposible pick up conectado al ordenador, les advertiría de que no modificaran aquél famoso control al que llamábamos “pitch” y que servía para el ajuste fino del número de giros por minuto del plato. Lo único que pasa es que estamos en Leipzig en 1724 y por entonces Bach ya había tomado el control de “la horizontal y la vertical” de la ciudad. Cosa distinta es que pudiera modificar su realidad.

Y es que si atrevidas eran las armonías generadas por los pasajes fugados que hemos
revisado los últimos domingos, lo de la cantata BWV 101 “Nimm von uns Herr, du treuer Gott” (“Aparta de nosotros Señor, Dios leal”) alcanza niveles que aproximan su percepción auditiva a los inicios del dodecafonismo. La culpa la tienen los cromatismos –sucesión de intervalos de un semitono- que Bach decide emplear, probablemente para incorporar a la música la angustia que traza el texto. Nada disuena tanto como dos notas contiguas pulsadas simultáneamente con la misma intensidad. Y en la fuga sucede tal cosa con frecuencia, hasta el punto de que muchos directores trataron durante años de minimizar esas inevitables disonancias a base de forzadas dinámicas de fuertes y pianos, quizá en un intento de no espantar a algún oyente conservador. He elegido, sin embargo, para la ilustración musical de hoy la versión de Harnoncourt en la integral de Teldec (1980) porque él pasó entonces de bálsamos y paños calientes y, apoyado en una grandiosa prestación del Tölzer Knabenchor en tan difícil trance, no dejo disonancia sin visitar ni semitono sin resaltar. El resultado es que para un oído acostumbrado a la armonía barroca el sonido del conjunto parece por momentos “llorar” como si la frecuencia del reproductor, el “pitch”, no hubiera acabado de ajustarse.

Esa angustia que más arriba mencionaba yo que pretende reflejar el maestro, se deriva del texto que Bach eligió como inspiración de esta cantata, el himno del mismo título creado en 1584 por Martin Moller (1547-1606) inspirado por la desolación debida a la epidemia de peste bubónica que diezmó Europa en aquella época. Las turbulencias armónicas reflejarían, pues, las disfunciones de la enfermedad. Aunque probablemente Bach no recogió el himno a humo de paja, pues Leipzig no vivía en aquellos días una situación precisamente saludable en lo político, y en aquel 1724 los pulsos de Bach por los pasillos entre concejo y universidad no eran precisamente ajenos a todo ello. Quizá las disonancias de la cantata encerraron un mensaje cifrado para sus coetáneos y vecinos. No he
encontrado referencias al impacto que tan audaz música produjo en los oyentes aquel domingo décimo de la Trinidad, ni si alguien se salió del templo al escucharla.

El vídeo (subido a la red por “TheGravicembalo”) recoge los números 1 (coro) y 2 (aria para tenor sobre texto anónimo), este último con el concurso habitual en la serie de Kurt
Equiluz. El resto de la cantata tiene además dos números sobre textos de autor anónimo (4 y 6) y el resto, incluyendo el coral final nº 7, desarrollados sobre estrofas diferentes del mismo himno de Moller. El  nítido cantus firmus que escuchamos entonado por los sopranos del Tölzer Knabenchor en el coro inicial no es otro que la cita literal del mencionado himno de Moller, que eligió como música para el mismo la que compuso el propio Lutero para su Padre Nuestro (“Vater unser im Himmelreich”). Los instrumentistas son, como de costumbre, el Concentus Musicus Wien.

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4 respuestas a Cantata BWV 101: más allá del límite

  1. Adrian Vogel dijo:

    Bach nos enseño el “fringe” de la música.

  2. Euterpe dijo:

    ¡Ay, qué gracia tienes! Es que Bach era muy moderno. Imagina: recomendaba a sus alumnos que evitaran las segundas aumentadas y él las ponía; claro, como era el profe…
    ¡Pero qué maravilla Harnoncourt y los Tölzer! No me cansaré de repetirlo: esa energía, esa vitalidad que derrochan…
    Antonio, enhorabuena por tu superserie cantatera que sigo con creciente interés.

  3. Je je, Adrián, hay toda una literatura sobre Bach “esotérico”. Estoy documentando ahora un post que tengo en el horno sobre la numerología en Bach que deja a “Fringe” convertida en una serie para adolescentes (que, por cierto, es en lo que para mi frustración se convirtió el final de su tercera temporada; a ver si la cuarta remonta).
    Rocío, le doy la razón a Bach: mejor que las segundas aumentadas las maneje un experto, que son explosivas y luego pasa lo de “El aprendiz de brujo”. En efecto, el Tölzer en esta grabación está para postrarse y adorarles (como de costumbre, por otra parte). Gracias por tus elogios, que valoro más viniendo de alguien tan familiarizado con el tema como tú.
    A los dos, Rocío y Adrián, gracias por vuestros comentarios, que me ayudan un montón, y por seguir el blog con tanta regularidad.
    Y gracias a los demás, aunque no dejéis comentarios. (Animaos, que esto no es “misa”).

  4. Euterpe dijo:

    ¡Una experta! ¡Pero si el cantatero eres tú!
    Hala, y yo preguntándome qué sería lo del fringe… 🙂
    Yo no creo que Bach le diera a mucho esoterismo; eso son cosas que luego los analistas van descubriendo y buscando casualidades… Aunque algo sí puede que hubiera, que a nuestro particular Kantor le iban los enigmas. Pero ya tanta numerología… Dudo que el pobre tuviese tiempo de quebrarse la cabeza hasta ese extremo.
    A ti también te agradezco que sigas mi blog y que dejes comentarios tan buenos; todo un honor para mi joven bitácora tölzera (dos años hizo a comienzos de mes).
    Abrazos.

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