BWV 35: ¿la cantata incomprendida?

La pobre cantata BWV 35 “Geist und Seele wird verwirret” (“El espíritu y el alma se turban”) está escrita para contralto, dos oboes, oboe tenor, cuerdas y órgano obligado. Su texto es íntegramente un poema místico escrito por nuestro ya conocido Georg Christian Lehms (1684-1717) sobre el evangelio de hoy, duodécimo domingo de la Trinidad, que trata del milagro del sordomudo. Así se expresa con respecto a la cantata BWV 35 el especialista en Bach Simon Crouch (principal comentarista del portal británico de contenidos musicales “Classical net”): “Hay que reconocer que, como cantata, no es una gran obra. El libreto (basado en el evangelio del día) no es nada especial y la estructura de la composición en su conjunto resulta más bien insatisfactoria. (¡Dios bendito, ni siquiera hay un coral final!). Así que escuchémosla valorándola más que nada como una música que estuvimos a punto de perder.”

Otro gran experto, Craig Smith (creador en Boston del vigoroso proyecto “Emmanuel Music”), calificaba esta misma cantata como “crabbed and thorny” dos adjetivos que me cuesta trabajo traducir: quizá “difícil y espinosa” o “retorcida”; nada muy positivo en cualquier caso. Incluso Albert Schweitzer mantenía con esta composición una relación yo diría distante y “desconfiada” que extendía a todo el resto de las cantatas de Bach con órgano obligado (escribía en “Bach, el músico poeta”: “…Las cantatas para órgano obligado producen generalmente escasísimo efecto y, a pesar de estudiarlas, no se puede impedir
una impresión de cierto descontento…”).

Yo, que no estoy de acuerdo con estos juicios tan desapegados, la he elegido para mi post de hoy, en cierto modo para así reivindicarla. Se repiten en la cantata 35 algunas características comunes a toda la producción del maestro durante el verano de 1726. Por un lado está esa presencia del órgano obligado que tan poquito le gustaba a Schweitzer y que algunos atribuyen a la presencia en Leipzig durante esas fechas de su amadísimo hijo Wilhelm Friedemann, por entonces un prometedor joven de dieciséis años que tiempo después habría de triunfar al teclado convirtiéndose en el brillante y admirado organista titular de la corte de Dresde, la más poderosa de la época en aquella región. Destaca también en aquel verano, por otra parte, la ausencia de coro, algo que hoy en día estamos casi seguros se debía a un serio rebote del maestro con la escasez de voces y la poca calidad del Thomanerchor durante aquellos días, afortunadamente remontada tan sólo pocos meses después.

Quizá fuera ese rebote el que desmotivó a Bach a crear material nuevo para esta cantata (y para alguna otra del periodo) y lo que le movió a recuperar fragmentos de un concierto que
había comenzado a componer años antes, en su etapa de Köthen o quizá de Weimar –a eso se refiere Simon Crouch en la cita que reproduzco más arriba cuando habla de la “música que estuvimos a punto de perder”-, del que sólo se conservan unos pocos compases pero que coinciden exactamente con pasajes de la cantata de hoy. El hecho de que haya en ésta dos sinfonías (números instrumentales sin intervención vocal) sostiene la conjetura. Esta coincidencia ha movido a musicólogos contemporáneos a experimentar un ejercicio inverso al del maestro, intentando recuperar el concierto perdido a partir de fragmentos de la cantata 35. El resultado, frío como el hielo, para un servidor deja sin argumentos eternamente a quienes a veces afirman que Bach era sólo aritmética y teoría de la música. Comparar la restauración del concierto BWV 1059, que es como quedó catalogado este concierto perdido (algún guasón le ha llamado “el mejor concierto NUNCA ESCRITO por Bach”) con el resto de los conciertos de cámara del maestro –especialmente del 1052 al 1060-, da una impresión parecida a la de comparar las dos fachadas de la Sagrada familia de Barcelona: la que hizo Gaudí es fuego; la otra, construida ya en su ausencia, es hielo.

Sin embargo, aunque sólo sea por escuchar una joya como la versión que he colgado iniciando este post, con ese conjunto de tres acordeones de los Hermanos Ural –esto de los tres acordeones es muy ruso casi en exclusiva y, por desgracia, hoy es muy poco frecuente incluso allí- que espero hayáis estado escuchando mientras leíais mi rollo, ha merecido la pena aquella reconstrucción. Yo sin embargo me quedo con la autenticidad y el “fuego bachiano” de esta sinfonía del nº 1 de la cantata 35. E, igualmente, hoy me quedo con la versión de la genial contralto francesa Nathalie Stutzmann al frente de los también geniales Orfeo 55. (En Youtube podemos admirarla cantándola al mismo tiempo que la dirige: impactante).

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Johann Sebastian Bach, Música y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a BWV 35: ¿la cantata incomprendida?

  1. Adrian Vogel dijo:

    Confieso mi desapego hacia el acordeón, salvo en un caso: cuando el interprete es Gonzaga, maestro del Baiao y Forró brasileño. Dicho lo cual ¡¡¡viva Bach!!! Y también estos deliciosos domingos…

  2. Adrian Vogel dijo:

    Porque si no fuese por JSB no habría estos posts

  3. pfp dijo:

    a mí de momento, es que las cantantas de JSB por H o por B es que me gustan todas, vamos que no les pongo un “pero”, y ver dirigir a la Stutzmann pues una alegría y un placer escucharla,…

    gracias antonio, un abrazo

  4. Me da vértigo pensar en todas las cosas que no habría habido sin JSB. Y me avalan en mi percepción Mendelssonh, Brahms, Schoemberg, Hindemith y Villa-Lobos, entre otros “colgaos” del maestro. Que incluyas, Adrián, entre todas esas cosas mi humilde aportación demuestra lo buen amigo que eres.
    Yo me reconcilié con el acordeón cuando creía que los Beatles lo utilizaban en “We can work it out”. Luego me dijeron no se qué de un mellotron, o de un órgano Hammond tuneado, y me enfrié. Pero ellos querían que sonara como un acordeón. En todo caso, alguien dijo que Bach todo lo aguanta. Hasta a tres rusos tocando el acordeón, imagen inquietante hasta para una figurita de Lladró.
    Gracias, Pilar y Adrián, por comentar, pienso en vosotros cada vez que me siento a la tecla.

  5. Arnau dijo:

    Un poco extraña, tal vez, pero a mí me gusta (tanto la de los tres acordeones como la dirigida por Stutzmann). Aunque es verdad que yo no entiendo.

    Y sí, la fachada de la pasión de la Sagrada familia ni con whisky.
    Joder, ¿es que acaso no había más artistas “amigos” de Convergencia que el ínclito Subirachs?

    • Desconozco la génesis de esa fachada, amigo Arnau. Yo creo que descubrí el contraste cuando allá por 1973 un amigote hizo la mili en la capitanía de Barcelona y toda la pandilla (vosotros decís “colla” o algo así, ¿no?) nos íbamos allí un fin de semana sí y otro no para que no se sintiera solo. No había autopista todavía hasta Zaragoza, había que pasar los altos de Somaén poniendo cadenas a los varios Dyane 6 y 2cv. Lo digo porque no sé si por aquel entonces Convergencia tenía mucho que decir, y la fachada ya estaba levantada (con todo su hielo). Por cierto, echaba de menos tus comentarios, gracias por animarte.

      • Arnau dijo:

        La fachada de la pasión es austera y tétrica, tal y como la ideó Gaudí. Y efectivamente, su atenta visión te hiela el alma (véase bocetos originales del maestro). Eso no obsta que a partir de 1987 Subirachs la destrozara con su infame grupo escultórico. Y eso que el muy gaznápiro era de los “intelectuales” que se opusieron en su día a la continuación de las obras del majestuoso templo expiatorio.

        Por cierto, y en otro orden de cosas, ¿qué tal va la restauración del escarabajo? Que nos tienes en ascuas.

      • La restauración del escarabajo esta felizmente terminada. Me tomo nota para colgar alguna foto del “pequeñín” en su estado actual.

  6. La estadía de Wilhelm Friedemann Bach en Dresde a que me refiero en el post sólo la he encontrado mencionada en Siblin (“Las suites para violonchelo”, Turner Música 2011, pág. 244). Otros biógrafos la pasan por encima y le sitúan directamente desde Leipzig en el que según el autor anterior (que humildemente me parece muy, muy fiable) sería su siguiente destino una vez decepcionado con Dresde: Halle, la ciudad natal de Händel. La historia de Friedemann pasa por describir a un hombre atribulado siempre: en vida de su padre la sombra de éste le acomplejaba; después de fallecido papá Bach lo que no sobrellevó bien Friedemann fue su ausencia, abandonando en cierto modo la música y su posición en Halle y tornándose un hombre socialmente problemático e irascible. En lo que todos los biógrafos coinciden es en que, mientras ejerció su primera profesión, la de músico (se había licenciado también en leyes en Leipzig, algo que quizá ayudó a la familia en el trance de gestionar la herencia del maestro) fue el más grande organista de su país -lo que equivale casi a decir el más grande de Europa- más, incluso, que su ilustre padre.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s