BWV 56, “la otra” cantata para bajo

El bajo alemán Thomas Quasthoff

Dos son fundamentalmente las obras a las que hallaremos referencia cuando nos interesemos por las cantatas de iglesia para la voz de bajo entre la alrededor de una docena que Bach escribió para solista. Los tenores hemos de conformarnos con sólo una, la 55, aunque ni tenores ni bajos hemos de tener motivo de queja acerca de la literatura que el maestro reservó para nuestras cuerdas, tal como hemos podido comprobar a lo largo de esta breve selección que hago cada domingo. Por más que contralto y soprano ganen por
goleada en este singular ránking.

De entre las dos cantatas para bajo a que me refería al principio, una –la 82 “Ich habe genug”- ya la visitamos en esta serie a través de la versión que el maestro traspuso para la voz de soprano. Los que hemos nacido para las cantatas de Bach en la época dorada de la fonografía tenemos aquélla ligada en nuestra memoria (algunos dicen que proyectando su sombra sobre ella) a la que he elegido para hoy, la BWV 56 “Ich will den Kreuzstab gerne tragen” (“Cargaré gozoso con la cruz”). La razón es que se aprovechaban los mismos vinilos para contener ambas cantatas en las versiones icónicas de, por ejemplo, Gerard Souzay, Hermann Prey o, sobre todo, de Dietrich Fischer-Dieskau, cuya histórica grabación para Archiv arropada por la batuta irrepetible de Karl Ristenpart anduvo por casa durante mi adolescencia gracias a la generosidad de un amigo. A ese disco, y no a otra cosa, debo hoy mi devoción por Johann Sebastian Bach.

La cantata 56 fue escrita en 1726 para el decimonoveno domingo de la Trinidad -hoy- y se cuenta entre las que se ha dado en llamar “místicas” debido tanto al protagonismo y trascendentalidad de su texto cuanto a lo recogido de su despliegue musical (Schweitzer cita entre éstas las que corresponden a los números de catálogo 8, 32, 53, 57, 106, 114, 156, 161 y 162, además de las 56 y 82 que cito yo).

Frente a la exuberancia formal de la cantata 82, escrita para fechas casi navideñas –su número 2 arriba enlazado se utiliza en algunos conciertos de navidad como villancico- la cantata de hoy propone nada más que un bajo solista para las arias y recitativos, una conclusión con un sencillo coral a cuatro voces y, como efectivos instrumentales, dos violines, una viola, dos oboes, un fagot y continuo. El resultado, pues, conjuga la
sencillez y la profundidad, pero lo hace con una potencia interior que yo sólo podría comparar a la de un cuarteto del mejor jazz. No será, quizá, la aportación más espectacular de la serie de cantatas de iglesia de Bach, pero a mí no me cabe duda de que tanto en términos absolutos cuanto en términos de cumplimiento de los objetivos personales del maestro al escribirla, es de las mejores.

A excepción del coral conclusivo, debido a nuestro ya viejo conocido Johann Franck (1618-1677) el texto de la cantata es anónimo basado en el evangelio de San Mateo. Algunos expertos (James Leonard, Funfgeld,…) enfatizan el hecho de que el término “Kreuzstab” puede tanto referirse al madero de la cruz como a un instrumento de navegación primitivo, previo al sextante, utilizado por los marinos de la época. Desconozco su denominación en español.

Thomas Quasthoff (Hildesheim, 1959), cuya interpretación traigo como ilustración hoy, es una de las voces más importantes de la actualidad en el panorama del lied y del oratorio. Entronizado en la élite del canto a finales del siglo pasado con el aval de Dietrich
Fischer-Dieskau, tuvo que luchar previamente con numerosas trabas en conservatorios, y escuelas y entre diversos maestros por sus limitaciones físicas debidas a la talidomida. Hoy es un solista reputado y mantiene una prestigiosa cátedra de canto en Berlín. El público madrileño le es devoto debido a una histórica interpretación del ciclo de lieder “Schwanengesang” (“Canto del cisne”) de  Schubert a finales de los ochenta y de un posterior memorable Réquiem de Brahms, entre otros hitos de sus frecuentes visitas a nuestros escenarios. En la siguiente grabación disfrutamos de sus imponentes voz y dicción en una toma directa del aria inicial de la cantata 56 realizada en el festival de Verbier (Suiza) en 2007, junto con la propia Orquesta de Cámara del Festival dirigida por el brillante violinista y director griego Leonidas Kavakos.

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4 respuestas a BWV 56, “la otra” cantata para bajo

  1. Adrian Vogel dijo:

    Qué más puedo pedir para este decimonoveno domingo de la Trinidad: una de Bach y el Madrid líder (el Levante va perdiendo 2-0 en Pamplona).

  2. pilar dijo:

    no deja indiferente oir esa magnifica voz en esta cantata que dejaste para el domingo, e imaginar el tremendo trabajo y esfuerzo de Quasthoff para llegar donde ha llegado..

  3. Se diría que el único indiferente a eso es él mismo, Pilar. Tuve la oportunidad de cantar en el Konzerthaus de Berlín el Oratorio de Navidad con alumnos avanzados de su cátedra del conservatorio Hanns Eisler -yo en el coro y ellos de solistas, obviamente- y al hablar con ellos me sorprendía que se mostraban totalmente “inmunes” al físico de su maestro, algo que supongo él se encarga de propiciar en cada una de sus clases.
    Parece ser que, en efecto, su infancia fue un infierno lleno de rechazo social y de instituciones para discapacitados, algo en común con todos los talidomídicos. En el conservatorio público de Hannover no fue admitido alegando –yo creo que hipócritamente- su imposibilidad física para tocar el piano (una bizarra exigencia para los estudiantes de canto del mundo entero que yo he atribuido siempre a la influencia de ocultos y poderosos sindicatos de pianistas a la búsqueda de salarios fijos).
    Pero si se le pregunta en público a Quasthoff, su vida comienza cuando empieza a ganársela como doblador de películas y como voz de spots publicitarios radiofónicos. Y después, cuando gracias al apoyo del pianista Sebastian Peschko y del gran Fischer-Dieskau, comienzan a derrumbarse los muros que se interponían entre él y su sueño de convertirse en cantante.
    “The dreamer” (“El soñador”) se llama precisamente el documental (Michael Harder, 2006) sobre su vida del que sólo he podido ver algún tráiler aislado en you tube, y en el que, al parecer, desgrana por primera y única vez en público la narración de sus angustias infantiles y de lo que él llama “su camino hacia la luz”. Y en el que su madre habla a la cámara entre sollozos de su sentimiento de culpa, ese drama habitual entre las familias afectadas por aquella tragedia de la talidomida, todavía hoy, medio siglo después, en buena medida silenciada (hay que recordar que era un fármaco que se recetaba a las gestantes para combatir las náuseas matinales: el sentimiento de culpa viene solo).
    Según su biografía Quasthoff es un socialista y pacifista confeso, y milita activamente en actividades a favor del entendimiento entre palestinos e israelíes.
    Y, además, canta como dios. Y canta como dios todo lo que le echen. Incluso jazz.

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