El alarde de talento de la cantata BWV 109

La boda de Caná. Óleo de Jan Vermeyen (c1500-1559) Rijksmuseum, Amsterdam

Resulta asombroso que Johann Sebastian Bach compusiera una obra tan delicada e importante como la cantata BWV 109 “Ich glaube, lieber Herr, hilf meinem Unglauben!” (“¡Señor, yo creo, ayúdame en mi incredulidad!”) para su simple interpretación un frío domingo perdido del otoño de 1723 –el 21º después de la Trinidad, igual que hoy, que en aquel año cayó el 17 de octubre-, y no volverla a ejecutar durante por lo menos un año. O quizá nunca más en vida de Bach, pues no hay documentación en los archivos de Leipzig que registre siquiera una segunda interpretación y, además, para el año siguiente ya tenía escrita para este mismo domingo la cantata 38 sobre textos de Martin Lutero. Me gustaría encontrar alguna explicación a lo que desde nuestro materialista siglo veintiuno suena a enojoso despilfarro de talento.

Y es que las arias con recitativos para tenor y alto que el maestro concibió para esta cantata 109 aparentemente “inofensiva” no hubieran desmerecido dentro de sus grandes pasiones de Mateo y Juan, escritas muchos años después, por no hablar de los dos grandiosos al mismo tiempo que íntimos coros que enmarcan ese conjunto de arias. Pero algo debía de sentir Bach de esa excepcionalidad de la música que iba vertiendo en los pentagramas, porque incluyó un instrumento de los que él reservaba para las grandes ocasiones, el oboe “da caccia” (“de caza”), cuyo cálido registro que integra la sonoridad
grandiosa del metal y el color íntimo de la madera pronto quedó arrumbado por
la historia en favor de fagotes, trompetas o trompas. Además de este instrumento, el maestro pone en juego sus habituales dobles líneas de oboe y violín, así como viola y continuo.

Ya el coral conclusivo a cuatro voces sobrepasa de lejos el simple enunciado o armonización del himno compuesto en 1529 por el predicador luterano Lazarus Spengler, alcanzando, según especialistas respetables como Gardiner, en su incrustación orquestal giros más propios de un “concerto grosso” que de una oración. Pero a un servidor la parte que más le emociona es el coro inicial, escrito sobre una sola frase, la que da nombre a la cantata. No cabe duda de que ese brevísimo texto contiene un poderío dramático de los que no dejaban indiferente al maestro, y me atrevo a decir que es la idea “culpable” de este feliz alarde de inspiración del maestro. El texto del que se extrae la frase se contiene en el capítulo 9 del evangelio de San Marcos, pero Bach lo aplica al evangelio de aquel día -de hoy-, referido a la sanación recogida por San Juan del hijo de un noble de Caná. Trata de un hacendado que aborda a Jesús en Galilea y le pide se desvíe de su camino para ir a su casa y curar a su hijo postrado por la enfermedad. Jesús, conmovido por la fe y el abatimiento de aquel padre, le dice: “vuelve a casa, tu hijo está curado”. El noble, sin ninguna duda ni protesta, emprende camino hacia su casa y poco antes de llegar ya salían a su encuentro sus familiares y siervos a anunciarle que, en efecto, el joven estaba curado. Pero lo que a Bach le interesa al componer es la confrontación interna de pensamientos que habría de vivir a buen seguro aquel hombre camino de su casa, desde que Jesús proclama la curación hasta que él la comprueba personalmente. Bach enfrenta así la matizada alegría del “yo creo” con la turbada inflexión melódica del “señor, ayúdame en mi incredulidad”, logrando con ello una dinámica que, me atrevo a afirmar, se sitúa entre las más altas cumbres de la literatura musical sacra de todos los tiempos.

El vídeo que propongo como ilustración contiene la versión de Harnoncourt de ese coro inicial y del subsiguiente recitativo del tenor. Atención a la sobrecogedora prestación de las voces del coro de los Tolzer Knabenchor de Gerhard Schmidt-Gaden, para mí en uno de sus momentos estelares de toda la integral de las cantatas editada por Teldec. El registro sonoro data de 1980.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Johann Sebastian Bach, Música y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a El alarde de talento de la cantata BWV 109

  1. Adrian Vogel dijo:

    Creo en Bach, Músico Todopoderoso
    Creador de la Música moderna (armonía + contrapunto).
    Ya lo dijo Beethoven: “Urvater der Harmonie” (el padre original de la armonía).

  2. Adrian Vogel dijo:

    Bueno, algunos traducen “urvater” por “gran padre”

  3. pilar dijo:

    quien tuviera fe,…por suerte nos queda la Música

    un abrazo y gracias

  4. Arnau dijo:

    ¡Sublime pieza musical!

    E inspirado especialmente hoy tu post, Antonio. Con esas gotas de brillantez habituales, pero también sobrio y pedagógico.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s