La cantata BWV 61 y el “Himno Ambrosiano”

La Paulinerkirche de Leipzig en 1965

Cuatro van a ser hoy los cortes musicales con los que ilustre la cantata BWV 61 “Nun komm der Heiden Heiland”(I) (“Ven ahora, salvador de los paganos”), escrita por Bach para el domingo de hoy, primero de Adviento –hemos terminado con el larguísimo discurrir de los domingos de la Trinidad y afrontamos ya el Adviento, periodo litúrgico previo a la Navidad-.

Y es que constituye este himno una de las sagas litúrgicas que hunde sus raíces con mayor profundidad en el tiempo. Además, al ser uno de los favoritos de Lutero, lo fue también de todos los teólogos reformadores. Su primera evidencia documental escrita, es decir, lo que Lutero se encontró en su tiempo, es el llamado “Himno de San Ambrosio”, un canto gregoriano quizá elaborado por Ambrosio de Milán (c340-397) conocido como “Veni Redemptium Gentium”, frase de la que Lutero extrajo la traducción al alemán que da nombre a la cantata.

Esa devoción de Lutero por el Himno Ambrosiano propició que muchos compositores de corales luteranos se basaran en él para desarrollar sus himnos litúrgicos de la Reforma, caso de Michael Praetorius (1571-1621) o el que a continuación incluyo de Lukas Osiander (1534-1604).

Bach conocía, pues, perfectamente este himno. Su primera aproximación artística al mismo, quizá en Weimar hacia 1711, fue el preludio para órgano BWV 659a, que reelaboró treinta años después en la versión que ha llegado hasta nosotros como BWV 659 (sin “a”), que aquí escuchamos en una interpretación del gran Ton Koopman.

Refiriéndonos a la cantata propiamente dicha, hay que señalar que se la conoce como “Nun komm der Heiden Heiland (I)” porque existe otra cantata, la 62, con el mismo título (pero identificada con “II”) y casi el mismo texto. La cantata 61 fue escrita en su primera versión en Weimar en 1714, lo que la convierte, pues, en una de las cantatas más antiguas de las que se conservan del maestro. Se atribuye al estudioso francés Norbert Dufourcq (1904-1990) la afirmación de que esta cantata fue interpretada (o incluso estrenada, pues no hay evidencias documentales de que fuese alguna vez ejecutada en Weimar) en su primera versión en Leipzig en 1717, con motivo de una visita del maestro para “auditar” el órgano de la iglesia de la Universidad (Paulinerkirche) y mucho antes del establecimiento de Bach en dicha ciudad. En 1723, su primer año como cantor de la Thomaskirche en Leipzig, Bach revisó la cantata y es esta revisión la que con más frecuencia se interpreta.

(N.b: La Paulinerkirche (ver foto arriba), levantada en 1212, sobrevivió casi sin daños y conteniendo en su interior aquel mismo órgano que Bach había pulsado y auditado, a los bombardeos aliados de “Bomber Harry” en la Segunda Guerra Mundial. Pero de poco le sirvió: los gobernantes de la Alemania comunista la dinamitaron en 1968. No se pudo hacer nada por el legado destruido, salvo construir un nuevo templo universitario respetando escrupulosamente la planta del antiguo. Para inaugurarlo se interpretó, precisamente, la cantata 61 que hoy visitamos).

La encantadora atmósfera arcaica que envuelve la cantata 61 está encomendada a un sucinto conjunto instrumental integrado en su partitura original por dos líneas de oboe, dos de violín, viola, y un bajo continuo al que se añade una trompa. La versión que propongo hoy es una de Harnoncourt relativamente reciente (2006) en la que se le nota felizmente desembarazado del corsé historicista a ultranza que presidía sus ejecuciones en la edición integral grabada con Teldec a principios de los ochenta. Aquí no hay niños, sino el coro vienés “Arnold Schönberg”, probablemente -pido disculpas a quien no lo crea así- el mejor coro del mundo. A quien sí permanece fiel Harnoncourt con respecto a aquellas grabaciones es a su “Concentus Musicus Wien”, algunos de cuyos instrumentistas por edad podrían ser los mismos de aquellos años. Disfrutemos sin más preámbulo con el primer coro de la cantata 61.

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3 respuestas a La cantata BWV 61 y el “Himno Ambrosiano”

  1. Adrian Vogel dijo:

    Compruebo con satisfacción que sigues el ritmo musical de poner un video por cada gol del Madrid. Aunque confieso que albergaba la esperanza de escuchar/ver seis piezas: una por cada punto de diferencia que le sacamos al Qatarona. Es que los luteranos semos así…

  2. ¡¡Uuuy, no me había dado cuenta ;-)!!

  3. Arnau dijo:

    Brutales, oscuros y tenebrosos los dos primeros minutos del coro vienés Arnold Schönberg. Luego levitan, sí, pero la estaca ya te la han hundido. Hasta la base.

    PD: Las analogías deportivas son al fondo a la derecha, Adrian. En el diván 😉

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