Bach, las parodias y el Oratorio de Navidad

Augusto III de Polonia

Durante muchos años, antes de aficionarme a bucear en el océano de Bach, la escucha de los doce primeros compases de su Oratorio de Navidad BWV 248, fechado en 1734, me llevaban a considerar que el maestro había inventado con ellos lo que para la posteridad habría de ser “el sonido de la Navidad”. Cada vez que lo escuchaba se me edificaba en la mente –y se me sigue edificando- todo lo que ese tiempo tiene de tópica alegría, desde el recuerdo de la colocación del nacimiento en mi infancia hasta el prendido del alumbrado del árbol del Rockefeller Center. No cabe música solemne de Navidad si no evoca esas fanfarrias de trompetas, cornos, oboes y tambores con las que Bach introduce al oyente en los textos de la biblia luterana y en los acertados complementos aportados por Picander. El buceo histórico y estético, sin embargo, me llevó hace años a una realidad para mí entonces sorprendente: Bach no escribió aquello para la Navidad, ni mucho menos.

En 1733 Bach estaba ya hasta el gorro de los miembros del concejo de Leipzig, que no desperdiciaban ocasión de poner pegas a su trabajo incansable componiendo cantatas para los domingos y música para todo tipo de conmemoraciones religiosas y universitarias. La voluntad de que sus hijos más pequeños continuaran su formación en aquellos prestigiosos centros académicos le inhibió de buscar otro empleo en algún lugar donde se le valorara más, pero sí consideró el maestro que le ayudaría en su trabajo recibir algún tipo de respaldo por parte de órganos superiores al mencionado consejo. Si esto fue o no un acierto no estamos capacitados para juzgarlo, y según algún biógrafo (la crítica visión de Klaus Eidam, por ejemplo) fue una estrategia discutible. El hecho es que para ganarse el favor de la corte de Dresde, de las manos de cuyo líder, el Principe Elector de Sajonia Federico Augusto II (rey de Polonia bajo el nombre de Augusto III) comía el concejo de Leipzig, no dudó en escribir en septiembre de aquel año para la celebración del undécimo cumpleaños de su hijo, el príncipe heredero Friedrich Christian, una cantata dramatizada (“dramma per música” según la denominación técnica) titulada “Die Wahl des Herkules” (“La duda de Hércules”) más conocida por los versos iniciales de su coro de entrada, “Lasst uns sorgen, lasst uns wachen” (“Vigilemos, observemos”) y que ha quedado registrada para la posteridad en el catálogo BWV con el número 213.

Para rematar la faena, el maestro no duda en volverse a valer de los servicios como libretista de su amigo Picander para escribir en diciembre de aquel mismo año y esta vez con motivo del cumpleaños de la mujer del príncipe, Marie Josephine, una cantata conmemorativa de tal evento con el título “Tönet ihr Pauken, erschället Trompeten!” (“¡Tronad timbales, resonad trompetas!”), recogida a su vez con el número 214 en el catálogo BWV. No debemos culpar a Bach de este peloteo ni de este adorar al santo por la peana. Tengamos en cuenta que estos aristócratas gozaban de la propiedad de “bienes y personas” en los territorios que administraban, y la relación con sus inferiores eran de absoluto despotismo, algo que se aceptaba por todos los estamentos sociales e incluso estaba bien visto. En este caso el peloteo dio frutos, y Bach obtuvo desde entonces el título de “Compositor de la Corte Real de Polonia y del Principado Electoral de Sajonia”, lo que, fuera o no estratégicamente acertado, ayudó a que le tocaran un poco menos las narices sus jefes de Leipzig.

Muchos oyentes actuales no acaban de entender la frecuente “reutilización” de las propias creaciones por Bach, al igual que por muchos otros compositores de la época. No ayuda a ello que en alemán a esta práctica se le llame “parodie”, palabra traducida demasiado a menudo con cierta ligereza como “parodia”, un concepto que encierra significados peyorativos en español de los que carece en su lengua original. Ya he dejado dicho en este blog que la interpretación de determinados temas geniales de alguna de las cantatas tan sólo con ocasión de un domingo en la vida me parece un desperdicio de talento. En el caso de las dos geniales partituras de las cantatas profanas a las que hoy he dedicado mi entrada, hemos de agradecer probablemente a esta práctica de la “parodie” su pervivencia a través de los siglos en la mucho más frecuentemente interpretada e interpretable forma de “Oratorio de Navidad”(BWV 248). Pero para no incurrir en la confusión en que yo viví durante años, hemos de saber que ese coro de entrada tan navideño fue antes felicitación para la mujer del príncipe. Y que ese embeleso en adorar al niño Jesús con que se abre la cuarta cantata del Oratorio -que se interpreta a continuación en el próximo video en su versión profana-, “Fallt mit Danken, fallt mit Loben (“Postrémonos con gratitud, con devoción”), había sido antes arrobo ante el niño Hércules. Y que no menos de una docena de los números del Oratorio de Navidad proceden directamente de estas dos cantatas profanas y de algunas más, incluso de alguna desparecida. Menos mal que hubo parodia.

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6 respuestas a Bach, las parodias y el Oratorio de Navidad

  1. Adrian Vogel dijo:

    En cualquier caso, sea como fuese, destila aromas navideños, al menos desde el siglo pasado. ¡Bendita confusión!

    P.D.: espero no haber duplicado este comentario (el anterior desapareció como CR7 anoche)

  2. pilar dijo:

    de todas formas Antonio, por lo que cuentas, se lo debemos igualmente a las celebraciónes de una madre y de un niño, quizá no fuera una casualidad que JSB las reutilzara para el oratorio Navideño¡

    un abrazo,

  3. Arnau dijo:

    Interesantísima, hoy, por peculiar, tu aportación sobre Bach, Antonio. Me ha encantado descubrir la nueva y desconocida acepción, al menos para mí, de la palabra “parodia”.

  4. Yo también creo que no fue casualidad, Pilar. Y el resto de los números conserva el mismo cierto aire de alegre devoción -Adrián lo definía bien en su comentario más arriba como “aromas navideños”-. Vaya usted a saber lo que rondaba por la cabeza de esos dos “puntos filipinos”, Bach y Picander cuando tramaban su peloteo.
    Una característica, Arnau, que resaltan los más piadosos de los biógrafos de Bach es que las “parodias” -yo lo califico claramente como una mala traducción, el otro día en una conferencia a la que acudí en el Instituto Goethe la ponente traducía como “reciclaje”, menos literal pero más fiel al concepto- es que siempre se producían de lo profano a lo sacro, y jamás al revés.
    Gracias a los dos, una vez más, por vuestros comentarios (y esta vez también por no traer a colación determinados acontecimientos del “finde” amargos para mí; y al respecto enhorabuena, por cierto).

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