La cantata BWV 132 y el coral perdido

El musicólogo Alfred Dürr

Corresponde al domingo de hoy, el último antes de la Navidad, la cantata BWV 132 “Bereitet die Wege, bereitet die Bahn!” (“¡Preparad el camino, preparad la senda!”). Se trata de una cantata para cuatro solistas compuesta en Weimar para el 4º domingo de adviento de 1715 y desarrollada en torno a un libreto del poeta local Salomo Frank (1659?-1725).

Desde siempre se ha pensado que el coral final de esta cantata se perdió por el camino de los siglos, y se suele incorporar como número 6 un coral sobre texto relativo a la conmemoración del día de Elisabeth Kreuziger (c1500-c1535), una de las “ministras” pioneras de la iglesia luterana, alumna del propio Lutero y destacable poeta y compositora de himnos.

Pero, sin embargo, no pensaba así del “coral perdido” Alfred Dürr (1918-2011), probablemente la máxima autoridad musicológica de nuestros días en temas “bachianos”, quien desde 1954 hasta su finalización en 2007 dirigió de los trabajos de recopilación de la gigantesca “Neue Bach Ausgabe” la nueva edición completa de la obra de Johann Sebastian Bach publicada por Bärenreiter. Dürr pensaba que la cantata BWV 132 no es que hubiera perdido su coral conclusivo, sino que simplemente nunca lo tuvo. Esto la convertiría en una obra heterodoxa dentro del corpus de las cantatas de iglesia, una experimentación más dentro de tanta literatura experimental como el maestro produjo en su fértil estancia en Weimar. No era la primera cantata sin coro ni sería la última. Ya un año antes había escrito la “revolucionaria” BWV 54 o la 199, y años después, ya en Leipzig, daría luz a joyas sin coro como las BWV 82 y 170  –por citar sólo algunas que han desfilado ya por este blog cuando les ha ido llegando su domingo-. La diferencia entre todas ellas y la de hoy es que la 132 no es para un solista sino para cuatro. Y según Alfred Dürr sin coro. Sin embargo, todas las grabaciones que yo he visto cuentan con el coral de conclusión de Kreuziger, bien cantado por un coro,  bien por los cuatro solistas constituidos en cuarteto armónico. (Inciso: me parecen maravillosas estas digresiones entre autoridades musicológicas, le dan al tema de Bach una vidilla que ni os cuento. Pasaos por algún foro de la red y os divertiréis de lo lindo, como me pasa a mí cada vez que lo hago.)

Los efectivos instrumentales de la cantata son sucintos como corresponde a lo sucinto del despliegue vocal, limitándose a dos atriles de oboe, dos de violín, uno de viola y un bajo continuo.  El pasaje más famoso y quizá el más atractivo es el aria inicial para soprano que a continuación pego en la versión de la soprano Brigitte Geller y los English Baroque soloists dirigidos por John Elliot Gardiner, cuya partitura manuscrita podemos seguir en el vídeo.

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9 respuestas a La cantata BWV 132 y el coral perdido

  1. Adrian Vogel dijo:

    Me ha impresionado la soprano, a quien además no conocía.

    • El mundo de la interpretación barroca está muy especializado y no es raro tropezar con grandes voces poco conocidas en otros repertorios. No es en sentido estricto el caso de Brigitte Geller, aunque a mí me pasa casi como a ti, que sólo sabía de ella a través del proyecto “Bach Pilgrimage” de Gardiner al que pertenece la grabacion que he dejado; y sin embargo tiene un largo historial operístico que me había pasado desapercibido. Te dejo un enlace del portal “Bach-cantatas” con la biografía de Geller. Gracias por comentar.
      http://www.bach-cantatas.com/Bio/Geller-Brigitte.htm

  2. Adrian Vogel dijo:

    Gracias a ti por el enlace.

  3. Arnau dijo:

    Realmente es un gustazo, mientras se disfruta de la música de Bach, leer a la par los vericuetos de su prolífica historia.

    Gracias, Antonio, por contarla (y también cantarla) tan bien.

  4. pilar dijo:

    a mí Antonio, me encanta seguir la cantata partitura en mano, no creas, no tengo ni la mínima idéa de solfeo, pero me gusta la estética de esas páginas abigarradas de notas, que por obra de vosotros los cantantes y músicos se convierten en pura belleza intemporal.

    gracias y besos

    • iesounonies dijo:

      Hola, Pilar: los rudimentos de sofeo para seguir una partitura con la vista se aprenden en un par de horas (para ”leerla” strictu sensu se tardan varios años…). Es un procedimiento de notación muy sencillo. Te aconsejo que busques a alguien con pocos prejuicios que te lo enseñe, si es que no lo conoces: te dará grandes satisfacciones. Si vivieras por la zona de Pontevedra yo mismo te lo explicaría tomando un café.

      Saludos.

  5. Gracias a vosotros por andar cerca, Pilar y Arnau. Coincido en que las partituras autógrafas de Bach tienen mucha belleza plastica y la verdad es que son muy precisas de pulso, aunque para alguien habituado a las ediciones de hoy son un auténtico desfile de hormigas; las frases de la voz sólo las inicia, “que las termine el copista…” parece sugerir. No sé quién le haría las copias para los diferentes instrumentos, dicen que su mujer. Fuese quien fuese, la HIstoria le está en deuda por tan ingrato curro.

  6. iesounonies dijo:

    Un bella interpretación. He puesto, por comparar, mi versión de la integral de Teldec, con Harnoncourt, y deja muchísimo que desear. Esta le da mil vueltas.

    Respecto a las copias, había leído que las partichelas las escribía el mismo Bach. También he leído que Bach dejó en herencia a un hijo la mitad de sus cantatas, que utilizó para pagar deudas y juergas londinenses. A él debemos habernos quedado sin ellas para siempre.

    • Yo sin embargo he leido que le ayudaba Anna Magdalena con las copias, aunque no he leido lo mismo de Bárbara, su anterior esposa, con lo cual supongo que dependería del periodo compositivo. En cuanto a su hijo mayor, Wilhelm Friedemann (1710-1784), en efecto parece que fue poco cuidadoso con las partituras que heredó de su padre, lo que le ha acarreado para la posteridad la demonización por parte de casi todos los historiadores. Yo me inclino no obstante a ser indulgente con él: fue descuidado con aquellas partituras, que abandonó en una maleta en casa de un amigo de Brunsweig que luego las subastó, pero no está demostrado que ello fuera a iniciativa del propio WFB ni que se lucrara en lo material con el resultado de aquella subasta.
      Por culpa de ser, además de músico, licenciado en leyes por la Universidad de Leipzig y encima el primogénito, hubo de ocuparse de todo a la muerte de su padre, incluyendo el futuro de alguno de sus hermanastros pequeños (él era hijo de Bárbara), más en suma de lo que podía aguantar su espíritu de artista, el más grande intérprete de órgano de su época. Todo ello le desvió de sus obligaciones en Halle como organista, cargo del que le despidieron, y cayó en lo que hoy llamaríamos una profunda depresión (antes de Freud eran bastante menos tolerantes con eso) de la que se dice -tampoco hay evidencias que lo demuestren- buscó refugio en la bebida. Algo normal antes de que existiera el Prozac.
      Además, el mundo no fue consciente de la grandeza de Bach padre hasta que llegó a Leipzig un tal Mendelssohn un siglo después, cuya abuela -su maestra- había sido alumna de Friedemann, a la que éste transmitió el amor por la obra de su padre. Vaya, pues, lo uno por lo otro…

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