BWV 540 ¡menos cantatas y más tocatas!

Si se puede afirmar que a través de sus cantatas de iglesia uno viaja directamente al ADN de la música de Johann Sebastian Bach, no es menos cierto que su obra para órgano nos lleva a las bases aún más profundas de su código creador, a la auténtica sala de máquinas de su cerebro musical.

Arrumbado poco a poco, al lento ritmo de la decadencia social de los oficios religiosos, el instrumento musical denominado órgano ha decaído también en su aceptación social hasta el punto de que su solo timbre produce el rechazo de mucha gente que considera tal sonido una música ambiental reservada a los responsos funerarios, o que no lo concibe si no es envuelto en la atmósfera cerrada y el aroma a incienso de la celebración eclesial.

No voy a glosar aquí, de momento, la historia del órgano, su peculiar y para el vulgo (entre el cual me cuento) desconocida ingeniería (que nos lleva directamente nada menos que a la Alejandría de Hypatia) o el olvido e incluso destrucción deliberada a que ha sido sometido en nuestras latitudes el legado instrumental que recibimos de nuestros antepasados. Poco a poco, en todo caso, lo desgranaremos. De momento, vamos a Bach.

La forma más interesante y peculiar entre las muchas que el maestro adoptó para el órgano es la denominada Tocata (o Toccata), caracterizada por una más que notoria libertad creadora tanto en estructura como en contenido ausente en otras formas (preludios, corales, fugas,…) y de dimensiones sonoras y de duración más ambiciosas que otros formatos libres, como las llamadas fantasías o las invenciones, por ejemplo.

Ente todas ellas, la generación de nuestros padres y de Walt Disney se reconoció en la famosa Tocata (y Fuga) en Re menor BWV 565 y la introdujo para siempre en su imaginario musical. La generación del rock progresivo, a la que pertenezco, tiene otro icono diferente, sin embargo, que acerca algo tan desacostumbrado como el órgano a su sensibilidad sin pasar por los altares. Me refiero a la gigantesca tocata en Fa BWV 540.

Lo digo porque muchos hemos tenido la suerte de asistir a alguna de las numerosas ocasiones en las que el gran pianista y compositor Keith Emerson, bien en su advocación como miembro del grupo Nice, bien en su más célebre advocación como miembro de EL&P (Emerson, Lake and Palmer) o incluso a título individual, introdujo en sus actuaciones citas literales de esta obra. La liturgia era reiterativa: primero la iniciaba ortodoxamente de frente al teclado, luego la continuaba desde el lado opuesto al de la –inexistente en su caso- banqueta, mostrando la bilateralidad de su inmenso talento pianístico y al final muy a menudo acababa despedazando el instrumento, en un gesto que yo siempre relacioné con la frustración ante el propio genio que ya había experimentado Miguel Angel cuando estrelló un martillo contra su Moisés al grito de “¿Por qué no hablas?”. Emerson acabó usando esta tocata como introducción al corte “The only way” de la obra maestra discográfica de EL&P “Tarkus”.

La BWV 540 nos catapulta al periodo más misterioso de la historia conocida de Bach, el que media entre su “hégira” a Lüneburg en compañía de su amigo Georg Erdmann y su primer aterrizaje en Weimar como auditor de órganos, siendo él ya organista titular en Arnstadt. La datación habitual de la partitura la sitúa precisamente en un momento en el que el maestro no tenía acceso a instrumento alguno –salvo, según algún estudioso, el existente en Weissenfeld que Bach visitó más bien poco- de las cualidades suficientes para poder interpretar en él esta tocata. Instrumentos de tal envergadura no se encontraban por entonces más que en el norte de Alemania, en Hamburgo o Lüneburg, precisamente esos órganos que tanto impresionaron a un Bach adolescente y que, en el caso de Hamburgo, le llevaron a tomar contacto personal con una leyenda viva de la música de entonces como Johann Adam Reincken (1643-1722), que más que sexagenario oficiaba como maestro de capilla en Santa Catalina a los mandos del órgano más grande y sofisticado de la época en aquellos territorios. Se afirma, a partir de lo dicho por los primeros biógrafos de Bach –Forkel, Spitta,…-, que la influencia de Reincken fue más trascendental en Bach que ninguna otra, incluidos sus hermanos, Vivaldi, y los compositores franceses. Lamentablemente no han sobrevivido partituras de Reincken que nos permitan contrastar tal afirmación. Pero, ¿quiere esto decir que la tocata 540 fue escrita por Bach en una época tan temprana de su aprendizaje como la de Lüneburg, allá por los albores del siglo XVIII? ¿O que fue escrita en 1714, tal como está datada la hoja de la partitura que ha llegado hasta nuestros días, pero recordando aquel grandioso instrumento que Reincken pulsaba en Santa Catalina? La bruma se extiende aun hoy sobre este conocimiento.

En cuanto a la fuga que también forma parte de esta BWV 540, se sabe que fue escrita mucho después, hacia 1731, y es también un ejercicio de técnica compositiva apabullante. Y no es menos cierto que, bien por el impulso historicista de los intérpretes de no incluir juntas partituras de tan diferente cronología, bien por respetar la grandiosidad de dimensiones e ideas contenida en la tocata, es muy frecuente que ésta se interprete aislada de su fuga correspondiente.

Se pueden encontrar por la red videos de la BWV 540 de mejor imagen. También incluso, de mejor sonido. Pero a mí me gusta mucho más que ninguna de las que he visto la que cuelgo a continuación. Es de finales de 2007 y en ella vemos y escuchamos a Balint Karosi (Budapest, 1979), organista titular de la First Lutheran Church de Boston, a los mandos de su “juguete”, un extraordinario Richards & Dowkes suministrado a su congregación en el año 2000. Yo he llegado a ver esta tocata interpretada por organistas con hasta tres asistentes, uno para pasar las hojas de la partitura y dos para manejar las llaves y los accionamientos de los registros y de los vínculos entre manuales. Karosi, se vale él solo, poniendo además de manifiesto la elegancia de Bach al situar en la mano derecha una cadena de semicorcheas que permite accionar con la izquierda el aislamiento del pedalero sin romper la continuidad de la escucha.

Epílogo: Karosi ganó unos meses después, en 2008, el concurso bianual de órgano Johann Sebastian Bach de Leipzig. No sé si interpretó entonces la 540. Si no fue así, el jurado se lo perdió.

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3 respuestas a BWV 540 ¡menos cantatas y más tocatas!

  1. Adrian Vogel dijo:

    ¡Qué pena lo de Keith Emerson! Cayó en un innecesario exhibicionismo de virtuosismo y olvidó la esencia de lo que nos enseño Bach: la sencillez (sofisticada si se quiere, pero sencillez entendida como algo sin alardes pirotécnicos). Perdimos a un músico (creador e interprete).

    Siempre nos queda Bach. Menos mal…

  2. Javier Cordero dijo:

    Amigo….
    Es siempre un placer leer tus comentarios. Ya Sabes que te sigo desde hace tiempo…. me acompañas en los desañunos de mis fines de semana.
    Gracias

    • Me alegran y te agradezco muchísimo tus palabras. A mi también me acompaña saber que amigos como tú esperan mis comentarios (aunque no sean siempre para el desayuno y algunos queden para la merienda dominical, tan melancólica a veces con el lunes ya acechando…)

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