Bach-Milhaud-Ross (3)

No creo necesario repetir el mismo texto que publiqué ayer y antes de ayer, extraído directamente de un capítulo del libro de Alex Ross “El ruido eterno”. Baste resumir, para quien entre directamente a esta tercera entrega de “Bach-Milhaud-Ross”, que el crítico neoyorquino autor de tan exitoso “best-seller” utiliza la historia del francés Darius Milhaud y su importante aportación a la música del siglo XX como vehículo para reflexionar acerca de la influencia de Bach en las vanguardias sonoras de dicho siglo. Seis son las estaciones que conforman la línea de transporte propuesta por Ross para hacer llegar a Bach desde la estética del siglo XVIII hasta las tendencias musicales de nuestros días. Son, a saber: el propio Milhaud (1892-1974); el compositor cubano de danzones Antonio María Romeu (1876-1955); el brasileño Heitor Villa-Lobos (1887-1959), uno de los gigantes de la composición americana de todos los tiempos, investigador incansable, además, del rico legado folclórico de su país natal (a él dedicaremos hoy esta entrada, la de arriba es una foto suya con su inevitable cigarro); Bud Powell (1924-1966), uno de los considerados creadores del bee-bop, músico torturado emocional y físicamente -su conocida personalidad esquizoide pudo desencadenarse a partir de una paliza de la policía de Philadelphia en un oscuro episodio de represión racista- y de talento pianístico natural y enorme; el cultísimo John Lewis (1920-2001), otro músico de color de conocimientos pianísticos insondables, respetado por igual a ambos lados del Atlántico, sobre todo como inspirador y líder del mítico Modern Jazz Quartett; y por último, “last but not least”, el  gran Dave Brubeck (n.1920), un joven americano de 92 años que quizá sea de algún modo la personalidad más próxima en lo musical al maestro Bach, autor él mismo de cantatas y oratorios y uno de los revolucionarios -¿o quizá mejor “contrarrevolucionario”?- del jazz del último tercio del siglo XX y de lo que llevamos de XXI.

Probablemente Heitor Villa-Lobos pensaba poco en Bach cuando elaboró su serie de Bachianas Brasileiras, quizá las obras más famosas de cuantas compuso. La realidad era que Villa-Lobos ya llevaba a Bach permanentemente en la cabeza mientras su cerebro recibía las impresiones continuas de todos los sonidos que le rodeaban, bien en su Brasil originario y en Montevideo, bien en los antros de Harlem, bien en los elegantes círculos musicales de Los Angeles y del Paris de la postguerra. Y es que Villa- Lobos confesaba creer que la armonía y el contrapunto de Bach habían quedado en el código genético colectivo de los pueblos y eran la raíz de todo folclore. Es más: en un giro intelectual que me parece bellísimo, consideraba al propio Bach como una suerte de folclorista que había recogido, a través de los corales luteranos, la música tradicional centroeuropea de los primeros siglos del milenio.

Quizá la mayor contribución que la evocación de Bach hace a las Bachianas Brasileiras es la inspiración de confinar en algún atisbo de forma musical ortodoxa la exuberante creatividad de Villa-Lobos. Los movimientos de las nueve obras que conforman la serie llevan un nombre de forma barroca (aria, fantasía, coral, preludio,..) seguido entre paréntesis por otro que describe atmósferas propias de la tradición folclórica brasileña (cantilena, devaneio, canto do sertao, ponteio,..). La serie fue compuesta a lo largo de un amplio periodo que abarca desde 1930 a 1945. Dentro de la misma, la obra sin duda más conocida -¿la más bella? cuesta decidirlo…- es “Bachianas Brasileiras nº 5” (se debe citar así, en plural; al menos así las citaba el autor), para soprano y conjunto de ocho violonchelos. El propio Villa-Lobos comenzó su carrera musical como violonchelista.

Esta es la obra que a continuación dejo como ilustración en una toma de sonido histórica, quizá de 1938 -¿su año de composición?- aunque el prensaje sea del 47, dirigida por el propio autor y con la intervención de su amiga la eminente soprano Bidú Sayão, gloria de la música brasileña y una de las más famosas cantantes operísticas de su tiempo. Se atribuye a la influencia de Sayão el hecho de que esta obra fuera creada para voz, con sus bellos poemas de Ruth Valadares Corrêa y Manuel Bandeira. La primera de ambos pone palabras al “Aria (Cantilena)” que recoge el vídeo.

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3 respuestas a Bach-Milhaud-Ross (3)

  1. Adrian Vogel dijo:

    Caray me perdí el #2, ahora lo recuperaré… Me ha parecido muy interesante lo de “consideraba al propio Bach como una suerte de folclorista que había recogido, a través de los corales luteranos, la música tradicional centroeuropea de los primeros siglos del milenio”. No lo conocía y me resulta un concepto muy atractivo. ¡Y acertado!

    • Cómo quisiera ser más metódico con mis lecturas y poder dar el dato exacto de dónde leí esta proposición tan bonita de Villa-Lobos. Yo también la creo cierta al menos en lo que a los corales se refiere, por mucho que requiera un cambio sustancial de los parámetros en que solemos encorsetar nuestro concepto de “folclore”. La profundidad de las raíces de los corales luteranos me impresiona de verdad.
      Gracias por tu opinión, Adrián, espero que te siga gustando la serie.

      • Adrian Vogel dijo:

        De alguna forma es lo que siglos después hicieron los músicos “nacionalistas” (el romanticismo de mediados del XIX en contraposición al germánico) tipo Bartók, Falla, Sibelius, Albéniz, Granados, Grieg, Dvorák, Rimski-Kórsakov, etc.

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