Bach-Milhaud-Ross (4)

Entre las citas que la tradición atribuye a J. S. Bach está aquella en la que situaba en el bajo continuo la presencia del orden de Dios en la música. El resto de componentes de la composición lo definía como “parloteo”. Por extensión, cuando hablaba de instrumentos de teclado o de cuerda Dios estaría en la mano izquierda, quedando la derecha para el desarrollo de constelaciones de melodías y contrapuntos en torno a las figuras que la mano izquierda –el orden cósmico, el sostén armónico- establece como eje.

Más de una vez escucharía comentarios parecidos en sus clases de piano el niño de diez años a quien llamaban Bud Powell. No en vano era hijo de un pianista miembro de la escuela que habría de llamarse “stride”, aquellos que tenían muy claro lo que eran las manos izquierda y derecha. Aquellos que en sus clubes y garitos comenzaron a modificar el “bajo continuo” de los números de ragtime a que el público estaba acostumbrado, alterando los intervalos de la mano izquierda y sincopando sus ritmos para cambiar el sentido de las melodías que durante décadas habían pulsado los dedos de la mano derecha como papagayos. De la evolución “stride” del ragtime es posible que naciera el jazz pianístico que hoy conocemos a través de Monk, Tatum o Peterson.

Pianista de formación clásica y de enorme influencia en el jazz de su época, Bud Powell, amigo y discípulo de Thelonius Monk, traductor al piano de la revolución beebop de Charlie Parker, tocaba ya en clubes a los quince años y no dejo de hacerlo hasta el final de sus días. Entre medias, sus continuas entradas y salidas de centros psiquiátricos para tratarse de la esquizofrenia que le torturaba cíclicamente, convirtieron su historia creativa en un Guadiana incómodo y agotador que eleva hasta el infinito la admiración que uno siente por su legado.

Probablemente cuando Alex Ross se refiere en su cita de “El Ruido Eterno” a la presencia de Bach en Bud Powell dirige su mirada no hacia Johann Sebastian sino hacia su hijo Carl Philipp Emanuel (1714–1788). Más concretamente se referiría a la re-lectura que Powell hace en su disco “Bud!” (1957) de la invención de C. P. E. Bach “Solfegietto en do menor”, (catalogada como Wq 117- H220), cuya métrica Bud “deconstruye” jazzísticamente tras la primera exposición del tema original sin perder nunca, sin embargo y mágicamente, la fidelidad a su patrón clásico. En el siguiente video disfrutamos de esta maravilla.

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3 respuestas a Bach-Milhaud-Ross (4)

  1. Adrian Vogel dijo:

    No sabía que Bud Powell padecia de trastorno bipolar. Me he quedado de piedra. Conocía sus otros problemas… y su genio musical!!

    • Lo que yo no sabía, y te agradezco mucho que me ilumines, era que el trastorno bipolar fuese lo mismo que la esquizofrenia. En efecto, los problemas clínicos y de conducta de Bud parece que fueron de toda índole, desde el alcoholismo hasta los psicotrópicos o la marihuana. Pero lo que no he acabado de entender es si fue antes el huevo o la gallina, es decir, si se aficionó a las drogas y al alcohol debido a la dureza de los tratamientos hospitalarios de su enfermedad (clorpromazina, electroshock, etc…) adquiriendo el terrible carácter que le hizo famoso, o si tratamientos tan fuertes y por entonces poco experimentados fueron para curar sus adicciones y le acabaron provocando la esquizofrenia, el TBP o lo que sufriera. No sé por qué en el caso de Bud, a diferencia de otros muy próximos a él, me resisto a creer que fuera simplemente un drogadicto, a pesar de los ambientes que frecuentaba. Por cierto, no he encontrado citado que fuese diagnosticado hasta que sufrió una crisis durante su estancia en París en 1959. Me huele a mí que por entonces era más recomendable ser un paciente negro en las instituciones de salud francesas que en las de Estados Unidos… y si encima eras un negro que tocaba jazz, en aquel París de los existencialistas eras todo un aristócrata. Hasta te diagnosticaban.

      • Adrian Vogel dijo:

        El trastorno bipolar es lo clínicamente correcto… he estado buscando por Google y he recordado que sufrió una paliza de la policía en EEUU. Por lo cual -según algunos testimonios- sus problemas surgen a partir de ese momento. Me da la sensación que la memoria, que tantas veces nos juega malas pasadas, puede llevar a confundir fechas. Lo digo por unas declaraciones al respecto de un anciano y venerable músico. Sea como fuere el cocktail resulta demasiado explosivo: alcohol, drogas, electroshocks, brutalidad policial.

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