Riyehee Hong en Calatayud (crónica de un concierto asombroso)

Órgano de la Iglesia de San Juan el Real, Calatayud

Órgano de la Iglesia de San Juan el Real, Calatayud

El texto más antiguo que he leído describiendo la existencia de “poesía” y “prosa” en el lenguaje musical lo firmaba Hermann Keller (“Fraseo y articulación: una contribución a la lingüística musical”; Bärenreiter – Kassel, 1955). En él el insigne organista y musicólogo sostenía que hasta la irrupción en la música sacra de la prosa latina de la Biblia y, con ella, “la composición de misas y motetes sobre textos en prosa”, sólo existía un lenguaje musical casi exclusivamente vinculado a los textos poéticos; según Keller, de aquellas prosas sagradas “nacieron las formas primitivas de la fuga instrumental (ricercare, fantasía), de modo que podemos considerar las fugas de Bach como prosa a la cual se ha puesto música”. Las formas musicales de la poesía serían según Keller (Stuttgart, 1885 – Friburgo, 1967) sobre todo el lied y la danza.

Por estos andurriales se escapaban mis pensamientos al leer el asombroso programa íntegramente dedicado a Bach preparado por Riyehee Hong para su concierto del pasado sábado 10 de enero en la iglesia de San Juan el Real de Calatayud:

–              Concierto para Organo en La Menor, BWV 593 (Vivaldi/Bach)

–              Preludio Coral del ‘Clavier-Übung III’ (Misa Alemana para Órgano) “Christ, unser  Herr, zum Jordan kam”, BWV 684

–              Preludio y Fuga en La Menor, BWV 543

–              Preludio Coral del ‘Orgelbüchlein’, “Ich ruf´zu dir, Herr Jesu Christ”, BWV 639

–              Toccata y Fuga en Re Menor, BWV 565

–              Preludio Coral de los ‘Seis Corales Schübler’, “Kommst Du nun, Jesus, vom Himmel herunter”, BWV650

–              Passacaglia y Fuga en Do Menor, BWV 582

 

Digo que es un programa asombroso por la enorme exigencia de concentración e incluso física que supone para la ejecutante, pues sólo la Passacaglia o la célebre Toccata y Fuga dejan exhausto a un organista poco entrenado… e incluso algún órgano. Pero lo digo también por lo asombrosamente bien pensado del programa, que como vemos alterna la “prosa” de sus piezas impares, en las que prima la técnica, con la “poesía” que, a través de sus cantus firmus, habita en lo profundo de los tres preludios corales que la maestra Hong intercaló entre aquéllas.

Mención especial merecen los comentarios con los que el especialista José Luís García Blanco ilustró el concierto desde el coro, que se elevaron más allá del típico “entretener al público” entre obra y obra mientras el organista modifica la registración para cada pieza, algo muy frecuente. Por el contrario, García Blanco resaltó con palabras concisas -que se nos hicieron cortas, al contrario de lo que suele suceder en estos casos- interesantes detalles de cada obra que se iba a escuchar: la importancia de las transcripciones para la difusión de las tendencias musicales francesas e italianas de la época (BWV 593); la casi pictórica descripción de la viva corriente de las aguas del Jordán situada por Bach en la mano izquierda del ejecutante mientras el pedal desgrana la melodía del coral (BWV 684) – precisamente relativo a la liturgia del día, otro detallazo del programa de la doctora Hong-; y así sucesivamente hasta reclamar la atención del público hacia el poderoso ostinato (en música “pop” se llamaría ‘rif de teclado’) que ejerce como eje de la Passacaglia y Fuga (BWV 582) que había de cerrar el programa. La inclusión como propina de un ‘Tiento’ de Pablo Bruna (1611-1679), que el antes citado Keller bien podría haber descrito como “prosa musical del Siglo de Oro español”, supuso un elegante homenaje ‘geográfico’ al público bilbilitano con la coartada del universal músico de Daroca, localidad a muy pocos kilómetros de Calatayud en la que Bruna nació y desarrolló su carrera.

Quien escribe estas líneas esperaba con sumo interés, a título muy personal, tres de sus obras favoritas, por una mágica casualidad incluidas las tres en este concierto de Riyehee Hong: una era la pieza más popular del programa, la Toccata y Fuga en Re Menor, con lo positivo y lo negativo que conlleva el hecho de que todos tengamos en la mente nuestra propia versión de esta obra capital; otra era la posiblemente más influyente, de las que se escucharon esta noche, para la posterior historia de la composición musical: la Passacaglia y Fuga en Do menor. Y, por último, el preludio coral favorito de un servidor entre los del Orgelbüchlein, que es “Ich ruf zu dir…”.  Pues bien: expectativas más que cubiertas.

La poderosa BWV 565 fue leída por Riyehee Hong con particular maestría, evitando concesiones al romanticismo en forma de ritardandos, rubatos y excesivos cambios de registración que, a mi humilde juicio, no han hecho ningún bien a la obra a lo largo del siglo veinte; lejos de ello, la interpretación de la maestra Hong resaltó sin artificios innecesarios todo el poderío y la inmensa capacidad de seducción que convierten esta partitura en inmortal. García Blanco nos habló de su posible uso por parte de Bach para la prueba de los órganos que auditaba. Se acepta a menudo, y no es incompatible con la anterior teoría, que la obra fue elaborada por Bach para el concierto inaugural del órgano de la Iglesia Nueva de Arnstadt (24 de junio de 1703), aunque no se conserva partitura original ni yo he encontrado entre mi documentación ninguna cita que sustente tal teoría. Parece tratarse más bien una interpolación cronológica viable que explicaría algunas características internas de la pieza (“inseguridad en el manejo de ciertos aspectos formales de la fuga y el contrapunto” lo llama Christoph Wolff: él sabrá…). En todo caso, lo que hubiera en la cabeza de aquel Bach, con tan sólo dieciocho años recién cumplidos al concebir este monumental milagro de juventud es, y siempre será, un misterio.

Se dice que la Passacaglia y Fuga en Do menor era una de las piezas favoritas de Schumann. Si ello es cierto no sería de extrañar que contagiara el virus a su joven admirador y amigo Johannes Brahms, pues basta con escuchar la Passacaglia interpretada con la intención de expresar todo lo que esconde -como hizo, por cierto, Riyehee Hong- para uno darse cuenta de hasta qué punto hace falta conocerla para comprender el origen y el sentido de alguna página del genio de Hamburgo, como la conclusión de las Variaciones Haydn o el último movimiento de su cuarta sinfonía. La influencia de este momento compositivo estelar de Bach se extiende incluso al rock progresivo del siglo XX: Robert Fripp, el emblemático guitarrista líder de King Crimson, la transcribió casi literalmente para cuarteto de guitarras y sintetizador en su obra “The Bridge Between” (1994).

No soy yo el único adorador de esa pequeña joya que es el preludio BWV 639, fenomenalmente interpretado por Riyehee Hong esta noche; me honra compartir esta pasión con gente tan ilustre como los pianistas Ferruccio Busoni, Dino Lupati o Wilhelm Kempff, los cuales crearon ‘adaptaciones de la adaptación’ de Bach que en su día quedaron para siempre incorporadas al repertorio pianístico universal. Incluso el inefable Stokowsky hizo una hoy casi olvidada y muy digna adaptación para orquesta sinfónica. Y es que es difícil no sucumbir al encanto intemporal de esta “canción”, de origen ignorado pero en cualquier caso anterior a 1530, año en que el reformista luterano Johann Agricola le puso texto, lo que llevó durante siglos a considerarle autor también de la música. Desde 1952 se sabe que no es así y continúa hoy por hoy siendo desconocida la identidad del verdadero autor de esa melodía que, a través del tratamiento coral de Bach, se ha convertido en eterna.

Al sonido de los tres preludios corales en programa contribuyó la acústica ejemplar de San Juan el Real, cuyo suelo de madera proporciona a la ‘caja de resonancia’ un punto de “sequedad” muy cálido y adecuado a ese repertorio. Además el instrumento, más construido que reformado –todo en él es nuevo, salvo el mueble- por el taller de Gerhard Grenzing en 2001, se manifiesta flexible y excelente ante cualquier exigencia programática. El maestro Santiago Beltrán tiene la fortuna  de ser su organista titular. José Luís García Blanco me lo presentó en la mañana del sábado. Después, la larga duración de las liturgias previas al concierto me dio la oportunidad imprevista de escucharle ilustrar la misa con el preludio coral “Herzlich thut mich verlangen”, el conocido como Coral de la Pasión según San Mateo sobre melodía de Hans Leo Hässler, en una interpretación que personalmente me encantó por su naturalidad y fluidez.

Ilustro el final de esta entrada con un vídeo realizado precisamente por Grenzing glosando las características de los cuatro órganos de Calatayud (colegiata de Santa María e iglesias de San Juan el Real, Santo Sepulcro y San Pedro), instrumentos muy diferentes que rivalizan en interés y excelente estado. He decidido someter al organista Santiago Beltrán a un férreo marcaje para que nos avise de los conciertos que se ofrezcan en los órganos de Calatayud. Son solamente 55 minutos de AVE desde Madrid y la experiencia merece la pena.

Postfacio: lamentablemente no cuento con audios ni vídeos del concierto. Por ello lo he ilustrado con material bajado de internet (ruego que si éste colisiona con algún derecho de terceros se me informe a través de los comentarios y será retirado de inmediato). La preciosa versión que incluyo de la Toccata y Fuga en Re menor corre a cargo de Hans André Stamm, un organista al que admiro y muy próximo en sus conceptos al estilo de Riyehee Hong (salvo que ella me lo desmienta), y el preludio coral BWV 639 lo incluyo en version de Wolfgang Zerer; invito a todos a seguir el excelente material que corre por la web de ambos magníficos organistas. Por último, incluyo la transcripción de Robert Fripp de la Passacaglia BWV 582 que cito en el texto.

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2 respuestas a Riyehee Hong en Calatayud (crónica de un concierto asombroso)

  1. pfp dijo:

    me encantó esta entrada, y la idea de poder estar al tanto de tan interesantes conciertos.

    continuo fiel al Guadiana.

    saludos afectuosos

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