Los preludios póstumos para órgano de Brahms (2)

Johann Crüger (retrato por Michael Conrad Hirt)

Johann Crüger (retrato por Michael Conrad Hirt)

 

En nuestro recorrido por los once preludios corales póstumos de Johannes Brahms (OP.122) pasamos de un casi secreto coral en el nº 1 a encontrarnos en este nº 2 con uno de los más bellos y difundidos himnos de la cristiandad: “Herzliebster Jesu, was hast du verbrochen”:

Herzliebster Jesu, was hast du verbrochen, Dass man ein solch scharf Urteil hat gesprochen? Was ist die Schuld, in was für Missetaten bist du geraten?

[Amado Jesús, ¿qué has transgredido para que tan dura sentencia te haya sido pronunciada? ¿Cuál es tu culpa, en qué delitos fuiste sorprendido?]

La historia de la mayoría los corales suele comenzar por una melodía sacra o profana bien conocida a la que, con posterioridad, se adapta un poema místico de alguno de los pioneros de la reforma. No parece ser éste, sin embargo, el caso del coral que nos ocupa en la presente entrada. El texto corresponde a un largo poema de 60 versos estructurados en 15 estrofas escrito en 1630 por Johann Heermann (1585-1647). El formidable Johann Crüger (1598-1662), creador de las grandes melodías de “Jesu, meine Freude”, “O Ewigkeit, du Donnerwort” o “Schmucke dich, o, liebe Seele” entre otras obras maestras, fue quien puso música en 1640 al himno de Heermann con destino a la liturgia de la Semana Santa.

El poeta Johann Heermann

El poeta Johann Heermann

Casi cien años después, Bach desarrolla sobre este himno – que, como veremos más tarde, conocía profundamente desde su más tierna infancia- las conocidas versiones contenidas en sus dos “grandes pasiones” (San Juan BWV 245 y San Mateo BWV 244). Que yo sepa, sólo en dichas dos obras incluye Bach este himno, no me suena que aparezca en cantata alguna. Eso sí, en la Pasión de Mateo lo hace con profusión, pues es entonado tres veces con distintas armonizaciones y textos. Sólo le supera en número en la misma obra el famoso “Herzlich thut mich verlangen” de Hans Leo Hässler, con sus cinco apariciones que le han valido para la posteridad el sobrenombre de “Coral de la Pasión”.

Cronológicamente, el honor de la primera armonización con texto de este himno en la literatura de Bach le corresponde a la estrofa 7  del poema de Heermann, armonizada de manera exuberante en BWV 245 -3: “O große Lieb’, o Lieb ohn’ alle Maaße…”(“Oh gran amor, oh amor sin medida…”)

e inmediatamente a BWV 245 -17: “Ach großer König, groß zu allen Zeiten” (“Oh gran Rey, grandioso en todas las ocasiones”, estrofas 8 y 9)

Diferente tratamiento aunque con equiparable riqueza armónica, vuelve a recibir el mismo himno por parte de Bach en la pasión según Mateo, BWV 244 – 3 y 46

BWV 244 – 3:

BWV 244 – 46:

Pero lo más revolucionario que hace el genio de Eisenach con “Herzliebster Jesu…” se contiene en este mismo BWV 244 al incrustar, durante la escena del prendimiento de Jesús, los versos de la 3ª estrofa (a cargo del coro II) entre las frases del recitativo 19 (tenor del coro I); así, en las interpretaciones de la época de Bach en la Thomaskirche de Leipzig, la voz del tenor y la del coro procedían de extremos opuestos del templo, distantes entre sí cerca de cuarenta metros.

El magistral texto de Picander en el recitativo -nunca entenderé el ninguneo a que su técnica ha sido sistemáticamente sometida por los musicólogos- expresa la angustia de Jesús ante la visión premonitoria de las escenas de su inminente tortura; un obstinado golpeo del continuo evoca, monocorde, el bombeo de su propio corazón. Cada vez que emergen entre frase y frase, como un bálsamo, los versos de nuestro coral, cesa ese angustioso golpeteo…

Los corales para órgano de la colección Neumeister

Se trata de una colección de 31 preludios corales para órgano, cuya llegada hasta nuestros días ha sido producto de retorcidas vicisitudes históricas y musicológicas, como ahora explicaré. Lo más importante de que los incluya en el presente comentario es conjurar el posible error de pensar que Brahms los hubiera llegado a conocer, algo muy poco probable si no imposible.

Hoy se sabe que fueron elaborados por diferentes miembros de la familia Bach anteriores al genio de Eisenach y que fueron caligrafiados y unificados en un solo documento de su propia mano por un jovencísimo Johann Sebastian –contaría unos doce años de edad- en la etapa, recién muertos sus padres, en la que vivió con su hermano Johann Christoph en Ohrdruf, entre 1694 y 1699.

Sabemos que hacia 1807 el que fue manuscrito del niño Bach pasó al por entonces afamado organista en Darmstadt Johannn Heinrich Rinck, cuya biblioteca fue, a su vez, adquirida por el influyente compositor bostoniano de música de iglesia Lowell Mason (“Joy to the world”, “Mary had a little lamb”, …) con motivo de una visita suya a Leipzig y Dresde en 1852.

A la muerte de Mason en 1872, su biblioteca personal queda integrada en la de la Universidad de Yale, donde el manuscrito habría de dormir el sueño de los justos (bien es cierto que a salvo de los destrozos provocados por las dos grandes guerras del siglo veinte, no toda la obra artística de Alemania puede presumir de ello). Christoph Wolff, el gran estudioso de Bach, los descubre allí en 1985 y los publica, quedando catalogados como BWV 1090 al 1120. Entre ellos, con el número BWV 1093, está la única versión para órgano del “Herzliebster Jesu…” que nos ha llegado de Bach.

¿Qué pudo conocer Brahms de todo esto?

Si, dada la historia mencionada, podemos aventurar que Brahms nunca llegó a saber nada del preludio contenido en la colección Neumeister, sí hemos de afirmar, sin embargo, que Brahms era un profundo conocedor de la obra vocal de Bach en general y de este coral en particular, ya que en su etapa como director de la Singakademie de Viena, Brahms programó con su coro las obras del genio de Eisenach repetidas veces, incluidas sus pasiones. Y con toda seguridad Brahms conoció también la edición de 185 corales del maestro (posteriormente ampliada hasta 389 y editada por Breitkopf) que su hijo CPE Bach y su colega Johann Agrícola recopilaron entre 1784 y 1787. Esta recopilación recoge, además de cada texto, las voces de soprano y contralto en la mano derecha y las de tenor y bajo en la izquierda, de modo que puedan ser interpretadas en un instrumento de teclado. La edición de Breitkopf fue ampliamente difundida e incluso hoy se encuentra en catálogo de la mencionada editorial y puede encontrarse en cualquier librería especializada. Esta difusión ha permitido que los corales de Bach se interpreten hoy en día en gran número de lugares y con multitud de instrumentos.

El himno que aparece en el siguiente video se corresponde con el nº 168 del Breitkopf y no es otra cosa que el coral nº 3 de la Pasión según San Juan que más arriba escuchábamos. Se trata de una transcripción para armonio (ese instrumento eclesiástico/doméstico que es como un órgano pero sin tubos, en el que el ejecutante impulsa el aire directamente a las lengüetas mediante un esforzado pedaleo) efectuada en un instrumento de época. Seguramente en tiempos de Brahms fue la transcripción más popular en todo el mundo.

Es a partir de estos sonidos como, probablemente, llegamos al preludio concebido por Brahms durante el último verano de su vida. La reiteración en la escucha del himno original, que he incluido deliberadamente, nos facilitará reconocer, enmascarado entre las postrománticas cadencias tejidas con primor por el hamburgués universal, nuestro himno “Herzliebster Jesu…” que da título al preludio.

 

 

 

 

 

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2 respuestas a Los preludios póstumos para órgano de Brahms (2)

  1. Javier Cordero dijo:

    Un enorme trabajo de documentación. No pares…que mi “adicción” va a más.
    “Desde luego, Bach vive: ningún muerto provocaría tanto esfuerzo”

  2. Jaja, esa frase me suena, Javier! Gracias por tu comentario, querido hermano en la adicción.

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