Kyrie BWV 233: El conde Sporck “En Clave de Bach”

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La paulatina recuperación de mi salud me está permitiendo estas semanas entreverar mi disfrute del despoblado leonés con el de la asistencia a los ensayos del coro madrileño en el que milito desde su creación, el de la asociación cultural “En Clave de Bach”. Siendo esa militancia bastante absentista, como se puede deducir de la introducción de este párrafo, el coro en su conjunto me la tolera no sólo con paciencia, sino además demostrándome el mismo afecto que si fuera un integrante regular. Nunca se lo agradeceré lo suficiente.

Desde que me zambullí en el mundo de los coros, hace tantos años que, quijotescamente, prefiero no acordarme del número, fui buscando agrupaciones que le dieran un sentido a su repertorio, porque no hay mi juicio nada más aburrido, incluso triste, que cantar sin saber lo que se canta y por qué. Ese sentido lo encontré en este coro, dirigido por un musicólogo gigantesco como el maestro Rainer Steubing-Negenborn y con un director asistente, Jon Goitia, que es capaz de convertir en una delicia incluso las fases más penosas de la dura tarea coral bachiana. Los compañeros son, además, gente de calidad técnica y humana superiores a la mía, algo imprescindible para crecer en ambas.

Mi último aterrizaje en el coro me ha deparado la sorpresa de trabajar una partitura que desconocía en detalle hasta ahora. Se trata del Kyrie de la Misa en fa mayor BWV 233. Rematadamente complicada pero también rematadamente bella –el típico binomio de Bach, al fin y al cabo–  esta página es el pórtico no sólo de esa Misa sino del conjunto de las cuatro Missae Breves que abarcan las entradas 233 a 236 del catálogo BWV. Hasta aquí sin novedad en el frente: unos numerajos, un catálogo y unas armaduras de clave (siguiendo su orden en el catálogo susodicho: fa mayor, la mayor, sol menor y sol mayor). Ya podemos empezar con los gorgoritos y, al cabo de un número indeterminado de ensayos, cantarla de manera inteligible.

Pero intuyo que eso no es suficiente en el coro “En Clave de Bach”, de hecho no quiero que lo sea. Esta entrada de mi anquilosado blog va a tratar de contribuir a ello con los desordenados conocimientos almacenados durante mi vida acerca de ese pequeño conjunto de obras, las Missae Breves de Bach, actualizados y matizados con alguna consulta web y alguna más pausada lectura al respecto de los clásicos (Spitta, Schweitzer, Wolff,…).

Esas extrañas misas en latín…

En su obra fundamental, “Bach, el músico poeta” (octubre 1904), el músico y humanista Albert Schweitzer no se explicaba cómo Bach, con estas cuatro misas breves o “de Kyrie y Gloria”, había atendido de manera tan descuidada la regia petición de las mismas por parte de la Capilla Real de Dresde (“…trozos extraídos de cantatas, transformaciones muy superficiales en las que el maestro, lo que es raro, ni siquiera cuidó la declamación. Por este hecho, el valor artístico de tales misas se encuentra disminuido notablemente…”).

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Investigaciones posteriores hallan la respuesta: la corte de Federico Augusto III, elector de Sajonia, por entonces radicada a caballo entre Dresde y Polonia, jamás había cursado semejante petición a Bach. Schweitzer parece, pues, al aventurarla haberse dejado llevar por una deducción personal basada en la proximidad de las fechas conocidas de edición de esas misas (1736) y del nombramiento de Bach como “hof-compositeur” de la Corte, presuponiendo que aquéllas habrían sido una muestra de agradecimiento. Pero muy al contrario, lo cierto es que tal nombramiento había sido implorado por el propio Bach mucho antes, en 1733, a través de un mensaje casi lastimero hecho llegar al Príncipe con motivo de su coronación tras la muerte de su padre y antecesor Augusto II. Lo que en aquel momento y acompañando su súplica, Bach obsequió y dedicó al recién coronado, fue nada menos que la tremenda Misa en si menor BWV 232 (de la que a la sazón había ya concluido Kyrie, Gloria  y Sanctus), una obra tan grande y técnicamente compleja que, salvo fragmentarios intentos (lo dicen Joshua Rifkin, Peter Williams y la wiki) no pudo ser interpretada al completo hasta el siglo XX, lo que motivó que ni el príncipe ni el músico vivieran lo suficiente como para disfrutar de su audición.

“The bohemian connection”

En algún momento de la primera mitad de la década de 1730, un periodo de la vida y obra de Bach que en tiempos de Schweitzer no estaba aún aclarado del todo (yo diría que hoy sigue sin estarlo), aparece en escena el conde Franz Anton von Sporck (1662-1738). El conde Sporck fue una versión centroeuropea y tardía de los hombres del Renacimiento italiano. Su interés enfermizo por todo lo que estuviera relacionado con las artes y las letras, su entusiasmo por conocer la materialización en cada país de las posibilidades de la imprenta y, todo hay que decirlo, su cuantiosa fortuna familiar, le habían llevado en su juventud a viajar por toda Europa. Desde su tierra natal en Bohemia, hoy provincia de la República Checa, Sporck recorrió, al menos y en este orden, Roma, Turín, Madrid, Paris (donde residió algún tiempo), Londres, La Haya y Bruselas. Este periplo y su alta posición social le convirtieron en una especie de embajador voluntario de Bohemia para el resto de los países.

En 1694 se descubrió una surgencia de agua termal en las tierras que Sporck poseía en su localidad natal de Lysa-nad-Labem que demostró beneficiosas propiedades terapéuticas. Storck decidió construir allí un balneario cuyos planos encargó al prestigioso arquitecto italiano Giovanni Battista Alliprandi. Éste concibió lo que habría de llamarse Kuks-Spa, un conjunto de enorme extensión en exuberante estilo barroco que comprendía balneario, hospital, palacio, teatro de ópera y capilla. Sporck convirtió este lugar en su residencia. Sus buenos contactos a lo largo y ancho de Europa y un pequeño taller de imprenta y grabado que instaló en el palacio satisfacían sus inquietudes de divulgación cultural y poco a poco se iba convirtiendo en editor de cierto renombre. Se cree que fue en ese ámbito en el que conoció a un joven abogado apellidado Henrici, aficionado en sus ratos libres a escribir poemas que firmaba bajo el pseudónimo  ‘Picander’ y que, como luego veremos, habría de presentarle un día a un buen amigo de Leipzig para cuya música solía escribir libretos, un tal Bach.

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El reforzamiento de la censura católica en Bohemia en 1719 y la prohibición asociada de la actividad editorial privada en todo el territorio cortó de raíz las aspiraciones culturales y editoriales de Sporck, cuya rebeldía indisimulada le convirtió en reo ante la justicia por el grave delito de contrabando de libros prohibidos, lo que a punto estuvo de costarle la pena de muerte. Sin embargo, logró ser condenado tan sólo por desobediencia al Rey, condena que le dejó financieramente maltrecho aunque con cierta capacidad de movimiento y de recuperación económica. Ello motivó que cada vez con más frecuencia Sporck buscase, a tres días en diligencia de su hogar en Lysa, el aire fresco intelectual y universitario de Leipzig –curiosamente, ese mismo aire que Bach encontraba tan aldeano y enrarecido- donde disfrutaba de buenas relaciones institucionales y de la amistad de Picander y Bach, entre otras mentes pensantes.

Cuatro misas con “sorpresa”

Sporck tuvo reiteradas oportunidades de acudir a las celebraciones dominicales de Santo Tomás y de San Pablo en Leipzig y allí se asombraría con los revolucionarios hallazgos musicales cuidadosamente ocultos en las cantatas de Bach. Un espíritu instruido y sensible como el suyo, buen músico que había programado hasta óperas y oratorios de Vivaldi en su Kuks-Spa, no tardó en plantear a su ilustre amigo la posibilidad de interpretar aquella música asombrosa de sus cantatas en la capilla de su pequeña y aislada “aldea gala” cultural. Pero había un problema aparentemente insalvable: el carácter protestante de aquellas obras litúrgicas podría costar la hacienda e incluso la vida a quien se atreviese a interpretarlas o simplemente a escucharlas en el territorio de Bohemia, ultracatólico desde la victoria de los Habsburgo en la Montaña Blanca. Para ambos hombres, sin embargo, el desafío estaba servido y no tardaron en encontrar la manera de burlar el problema: Bach aceptaría el encargo de Sporck disfrazando los coros y arias de las cantatas más del agrado de ambos con los ropajes de misas católicas en lengua latina.

“…En el Gloria en mi menor de la Misa en sol menor [BWV 235], que fue sacado de la cantata 72,…” –brama la pluma de Schweitzer haciéndose portavoz de generaciones de investigadores bachianos que le precedieron–  “…no existe relación alguna entre la música, que expresa sumisión, y el texto del Gloria. Ni siquiera el virtuosismo de los arreglos puede hacer olvidar el contrasentido del procedimiento…”. Y en términos similares, el indignado pastor protestante Schweitzer va desgranando  otros números de cada una de las cuatro misas breves, manifestando su disconformidad con estas obras. Eso sí, al llegar a alguno que no tiene correspondencia con las cantatas que él conocía, el rechazo se torna admiración: “…Las escasas partes originales de estas misas son maravillosas, tal como el Kyrie de la Misa en fa mayor…”, es decir, el que ahora practicamos en mi coro. Y prosigue, “…Este Kyrie, donde un coral se une a una frase de la Letanía [se refiere Schweitzer al coral “Christe, du Lamm Gottes”, compuesto por el propio Lutero (1525), cuya melodía o cantus firmus es entonada al unísono por trompas y oboes mientras el coro canta la Letanía ecuménica del Kyrie], es en su género quizá más grande y profundo que el de la Misa en si menor y realiza la verdadera síntesis del dogma católico y del dogma protestante que es inútil buscar en la gran obra…”. ¡Pues vaya con las misas breves sin valor artístico…!

Hasta cuatro misas surgieron del audaz transformismo urdido por aquellas dos mentes tan fuera de lo común. Al igual que sucede con los corales Schübler para órgano, denostados también por los puristas hasta muy recientemente, cabe dudar si los pocos movimientos de las misas que no se corresponden con ninguna cantata son realmente composiciones originales o si emanan de alguna de las más de cien cantatas de Bach que se considera perdidas. En ambos casos, Schübler y Missae Breves, la lógica tiende a inclinarse por la segunda opción, si bien el método científico puro, del que bebe la musicología, no autoriza a tanta liberalidad.

Misas católicas que llevan implantado dentro, como en un relato de ciencia ficción, el ADN de la liturgia protestante: Bach nunca deja de sorprender. Lo que se debió de reír para sus adentros el conde Sporck cuando viera a los obispos católicos y a los censores jesuitas babear ante la belleza de las músicas de un amigo suyo llamado Bach con las que ilustraba las celebraciones litúrgicas en la capilla de su palacio de Lysa-nad-Labem. Sin saberlo los prelados, se les había colado en casa el mismísimo Lutero. Por desgracia no le duró mucho al Conde la diversión, pues fallecería no más de tres años después de su estreno. Como su legado para la posteridad, señalemos que quizá se deba al ardid que urdió junto con el genio de Eisenach la pervivencia de algún movimiento de cantata que sin él estaría hoy perdido. Puede ser el caso del Kyrie maravilloso que en el coro “En Clave de Bach” disfrutamos ahora reviviendo en cada ensayo.

CRÉDITOS:

La fusión de imágenes que une a Bach y Schweitzer con la portada de una edición en español del libro de éste fue una de las ilustraciones de la ponencia sobre Schweitzer que tuve el honor de exponer junto con la profesora Carmen Díaz Baruque en las inolvidables  Jornadas de Organería Española de mayo de 2016.
El precioso vídeo con la partitura “scrolling” del Kyrie BWV 233 lo he tomado del canal YouTube Stigekalder, un canal muy interesante y divertido cuya visita y suscripción recomiendo fervientemente a mis seguidores.
La imagen que encabeza el post con el grabado del Conde Sporck la he tomado de la web CitySpyPrague.
La fotografía del Kuks-Spa la he tomado de giant-mountains.info, una web semi-institucional de la República Checa que promueve el turismo y las actividades culturales en la región de Bohemia. Es de obligada consulta previa si os animáis a viajar allí.
Lamentablemente, en ninguno de los tres últimos recursos he sabido encontrar un contacto donde pedir autorización previa para su inclusión. Lo hago, pues, desde aquí e invito a los eventuales poseedores de  derechos a usar los “comentarios” para comunicarme su posible disconformidad, en la seguridad de que será inmediatamente atendida y eliminado el objeto correspondiente.

 

 

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6 respuestas a Kyrie BWV 233: El conde Sporck “En Clave de Bach”

  1. JAVIER CORDERO HUECAS dijo:

    MARAVILLO AMIGO. Por tus palabras descubro que has estado enfermo. Me alegra que vayas recuperándote…pero sobre todo que recuperes tu “profunda pluma”. Gracias por este docto y ilustrativo artículo.

  2. pfp dijo:

    si has estado enfermo, Antonio, doble es mi alegría, por tu vuelta y tu recuperación. Una gozada tus palabras, como siempre!

  3. Saúl Botero-Restrepo dijo:

    Le deseo una pronta y total recuperación para seguir gozando de sus maravillosos comentarios.
    Tengo una página en Internet con mis traducciones al español de toda la obra vocal de Bach, que espero sea de su agrado. El vínculo es este: https://sites.google.com/site/laobravocaldejsbach/
    Saludos cordiales.
    Saúl

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