Las cuatro (o más) resurrecciones de Ioannis Eftimiades

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No hay mucha información sobre cómo el italogriego Ioannis Eftimiades, “Efti” para los amigos, llegó a Berlín, salvo que esa arribada se produjo en pleno inicio del siglo pasado. Efti se dedicaba desde antes de 1910 a la importación y tueste de cafés. Su tienda de la calle Leipzig que, claro está, se llamaba “Moka Efti”, se iba a convertir en un referente para los berlineses, tradicionalmente tan aficionados al café. Allí adquirían la deseada sustancia para el consumo doméstico y no desaprovechaban la oportunidad para degustarlo también “in situ”.

Lo cierto es que el primer tercio del nuevo siglo en aquella Alemania en la que Efti se iba a buscar la vida no iba a poder ser descrito por la Historia como un contexto cronológico apacible. La Gran Guerra estalló en el 14 y pudo haberse llevado por delante su negocio, pero Efti resucitó de la derrota alemana -su primera resurrección- y  en los años veinte seguía combinando en su local la venta y la degustación de exóticas gamas de café de tueste propio. No contento con ello, Efti maniobró con los vencedores para conseguir su apoyo en el negocio y no tardó en involucrar a inversores ingleses para expandirlo y trasladarlo a la calle Friedrich, más céntrica y ya entonces la más comercial de Berlín.

Inaugurado al fin en 1929, el nuevo emporio “Moka Efti” casi no dormía. Con respecto a la humilde tienda de Leipzigstrasse, aquello era de facto una segunda resurrección. Había restaurantes, peluquerías e incluso una sala de mecanógrafas a disposición de los clientes más ocupados, así como más de un servicio non santo adicional… Pero, por encima de todo, estaba el espacio de baile conocido como “Salón Egipcio”, donde Efti aseguraba servir 25.000 cafés diarios. No descartemos por exagerada esa cifra: en aquel Berlín habitaba una población de unos 4.300.000 habitantes (en Madrid, para hacernos una idea, no se llegaba en ese momento a 1.400.000) y circulaban más de 50.000 coches en buen uso (en Madrid apenas se habían matriculado 36.000 desde 1901). Todo se manifestaba a lo grande en Berlín, que olía a convertirse sin remedio en “capital de Europa”. Para nuestro Efti, cuyos inversores lo eran en una divisa poderosa, la libra esterlina, que enjugaría la inflación galopante que se había adueñado de la república de Weimar, todo se convertía en miel sobre hojuelas.

El Moka Efti no escatimaba en cebos con los que atraer no sólo a los berlineses adinerados, sino también a los otros, aquella maltrecha aglomeración de indigentes de solemnidad y asalariados sin horizontes en que el Tratado de Versalles había convertido las clases trabajadoras de Berlín y toda Alemania. Así, una escalera automática de las pioneras de su género en Europa facilitaba desde la calle el acceso directo del público a aquel Salón Egipcio de la primera planta donde se “cocía el bacalao”. Esta atracción mecánica servía para que muchos se asomaran al “paraíso” aunque no llevaran en el bolsillo ni un marco que les permitiera disfrutarlo. Pero el primer paso ya estaba dado: generar el sueño de ser cliente del Moka Efti. El segundo paso, y muchos lo dieron, sería vender el alma al diablo para alcanzar aquel paraíso.

El gran arquitecto Sigfried Kracauer, conspicuo antinazi que se habría de afincar en Estados Unidos tras el advenimiento de Hitler, se hacía eco de aquel “artefacto” en términos bastante irónicos: “Una escalera móvil, cuyas funciones presumiblemente incluían simbolizar la fácil ascensión a un estrato social superior, desembarcaba continuamente oleadas de nuevas multitudes desde la calle al exótico Oriente, caracterizado éste por columnas y harenes enrejados” (Siegfried Kracauer, “The Salaried Masses – Duty and Distraction in Weimar Germany”- Verso, Londres/Nueva York, 1998)

moka efti friedrichstrasse

No suponía Ioannis que aquella bonanza que vivían él, sus socios y no mucha gente más, no era sino el preludio de la peor de las tempestades. Para empezar, el 24 de octubre de aquel mismísimo año de la inauguración iba a ser conocido por la posteridad como Jueves Negro. Era la gigantesca caída de la Bolsa de Nueva York y, con ella, el estallido de la gran depresión que habría de llevarse por delante la hasta entonces alegre y confiada economía de las potencias aliadas. Los ingleses que otrora apoyaron a Efti se retiraban ahora a sus cuarteles de invierno a minimizar las pérdidas. Y lo peor estaba por llegar. El sueño se iba a venir definitivamente abajo cuando, hacia 1934, los cachorros del floreciente partido nazi comenzaron a hacer uso del emporio Efti para celebrar sus aquelarres políticos. Los músicos de la sala, en su mayoría judíos, se apresuraban a hacer el equipaje camino de quién sabe dónde, mientras los gerifaltes hitlerianos mandaban colocar por toda la sala carteles de “prohibido bailar swing”. Pero para entonces nuestro Ioannis ya había vendido por lo que pudo el Moka Efti -tercera resurrección-, una cantidad en todo caso suficiente para instalar cerca de la puerta de Brandemburgo una especie de cervecería con comidas sencillas, el “Moka Efti am Tiergarten”. En realidad era el canto del cisne, pues Berlín comenzaría pronto su agonía frente al fuego aliado. Fue probablemente el primero de los bombardeos de la RAF sobre Berlín, el 25 de septiembre de 1942 (como represalia a un “Blitz” sobre objetivos civiles londinenses de la noche anterior), el que se habría de llevar por delante ambos Moka Efti’s, sus glorias y sus miserias. Y quizá también a Ioannis Eftimiades, a quien es fácil imaginar escondido de los obuses en su refugio del Tiergarten entre cafés, libros de cuentas y “bretzel”. Pero eso probablemente no se sabrá nunca con certeza, quizá Ioannis esta vez tampoco estaba ya por allí.

swing tanzen verboten

Aunque Efti no lo supiera, la historia le reservaba una cuarta resurrección–si es que realmente murió en los bombardeos- esta vez en forma literaria y mediática. Volker Kutscher, filólogo e historiador con plaza en la Universidad de Colonia, especializado en el Berlín de aquellos años, logró a base de sus materias de estudio la inspiración suficiente para escribir una novela negra que se editó en 2007 con el atractivo título “Der nasse Fisch” (literalmente “El Pez Mojado”, absurdamente titulada en español por sus editores como “Sombras sobre Berlín”, Ediciones B – Barcelona, 2013). Esta novela, que nos presenta al inspector de la policía de Colonia Gereon Rath luchando por resolver un caso que, lo mismo que la metrópolis berlinesa, a todas luces le supera, cuenta con el “Moka Efti” casi como un personaje más. Pero un paso más allá, la impresionante serie “Babylon Berlin”, producción de Sky Tv (entre otros inversores europeos) basada en la novela, convierte el imperio de Efti, si no en protagonista, al menos sí en el eje que da continuidad visual a la trama. Los escenarios de Berlín renacen brevemente durante el rodaje gracias a los artificios  de la ficción, incluyendo una ambiciosa reconstrucción del “Moka Efti”, que muchos creen inventada pero que, como hemos visto, es rigurosamente histórica, muy especialmente la recreación del “Salón Egipcio”. La fuerza de la novela original, el espléndido trabajo de supervisión musical de Bryan Ferry, los grandes músicos que forman la presunta Orquesta del Moka Efti (muchos de ellos miembros de las sucesivas formaciones de Ferry) y las subyugantes interpretaciones de los actores terminan de componer un producto modélico y fascinante. El personaje del director del emporio cafetero, anónimamente llamado en la trama “El Armenio” (encarnado fenomenalmente por actor berlinés Misel Matisevic), no le llega, sin embargo, a los tobillos a nuestro Efti, las vicisitudes de cuya vida superaron, como acabamos de ver, a cualquier ficción.

 

Créditos
– El vídeo de Berlín en 1929 está tomado del canal YouTube Aaron1912, al que estoy suscrito y que contiene imágenes del siglo veinte que son una auténtica gozada para los que somos aficionados a aquel periodo de la historia.
– El vídeo promocional de Babylon Berlin lo he tomado del canal oficial de la productora BMG. La hipnótica canción “Zu Asche, Zu Staub” interpretada por la no menos hipnótica actriz lituana Severija Janušauskaitė, así como el resto de la banda sonora de la serie, se puede adquirir en este enlace.
– Las imágenes del ajuar recuperado del Moka Efti, la entrada al Salón Egipcio, (actuación de la la Orquesta de Erhard Bauschke) y el cartel de la oficina de cultura del tercer Reich prohibiendo el “Swing” están tomados del precioso portal web Potsdamer-platz.
– La humilde traducción de la cita de Kracauer (libro no editado en español) está improvisada por el humilde autor de este blog.
– Invito a los eventuales poseedores de  derechos sobre estos recursos a comunicarme su posible disconformidad con su uso a través de los “comentarios”, en la seguridad de que será inmediatamente atendida y eliminado el objeto correspondiente. El blog “Sostiene Perea” carece de ánimo de lucro.

 

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6 respuestas a Las cuatro (o más) resurrecciones de Ioannis Eftimiades

  1. joaq dijo:

    preciosa historia muy bien contada,deberia ser el comienzo de una fantastica novela!
    animo !!

  2. torretas dijo:

    Qué bonita historia!
    Ahora entiendo mejor la contundente presencia del inquietante y turbador lugar –y su Intrigante personaje– en esa extraordinaria serie.
    Gracias compañero!

  3. pfp dijo:

    fantástica historia, voy hacerme con ese “Pez Mojado”

    gracias, Antonio

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